Historia

El sueño de navegar el Manzanares

Intentos fallidos y fondos perdidos: eso fue lo que dejó el esfuerzo frustrado de siglos por alcanzar Sevilla y Lisboa

El sueño de navegar el Manzanares
El sueño de navegar el ManzanaresLR

El mar está lejos. Demasiado lejos para Madrid. Y la ambición de alcanzarlo ha sido una constante en el pasado de la Villa y Corte. Ahí están el plan del ingeniero italiano Antonelli, que pasaba por ensanchar los ríos Manzanares, Jarama y Tajo, para hacerlos navegables, y permitir la circulación fluvial entre Lisboa y Madrid. Un sistema de canales y compuertas, que permitiesen salvar los 650 metros de desnivel entre ambas ciudades... y completar el recorrido de más de 600 kilómetros. Casi nada.

Otro intento -y del que queda constancia-, es la presa de El Gasco, una de las mayores obras inacabadas de las infraestructuras españolas. Con una gran historia. A finales del siglo XVIII, sobre el río Guadarrama, se intentó la «locura» de conectar Madrid con el mar. Sus ruinas se encuentran en la confluencia de los términos municipales de Torrelodones, Galapagar y Las Rozas. Esta fue diseñada por el Ingeniero militar español, de origen francés, Carlos Lemaur, promovida y financiada por el Banco de San Carlos, con cargo a la Hacienda Real de Carlos III. Una obra ligada a las obras del canal del Guadarrama, que tampoco llegó a concluirse, y que hubiese sido su embalse regulador. Mediante este proyecto, se pretendía realizar un canal navegable de 667 km, que, salvando un desnivel de 700 m, hubiese unido fluvialmente Madrid y la Meseta Sur con el Océano Atlántico. Ahí es nada: se buscaba conectar el Guadarrama, el Manzanares (a la altura del Puente de Toledo), el Tajo (a su paso por Aranjuez) y el Guadalquivir, por Sevilla.

En ese sentido, el Real Canal de Manzanares constituyó un proyecto de infraestructura muy ambicioso y por sus enormes dificultades técnicas y naturales y costos exorbitantes, para muchos, irrealizable, que pretendía unir Madrid con Aranjuez por medio acuático donde el canal se dividiría para ir a Lisboa por el Tajo o por otro canal a Sevilla, según proyecto de Isidro González Velázquez.

Arrancaba todo ello cerca del puente de Toledo, pasaba por el actual parque de la Arganzuela y el Matadero, y llegó al embarcadero en Vaciamadrid. Tenía diez esclusas, un número a todas luces considerado «exagerado» para una distancia tan corta.​

Sus restos aún se pueden contemplar en pleno Madrid. En la ribera del río Manzanares se puede observar la longuera del antiguo canal y algunas estructuras para el «trabajo» con el agua entre sus compuertas.

Pero las cosas cambiaron con la «modernidad». Con la llegada del ferrocarril, el Canal de Manzanares perdió su sentido y no pudiendo competir con las nuevas tecnologías. Algo que llevó a que fuera clausurado. A tal punto llegó la cosas que en 1862 fue subastado por lotes a compradores privados para lograr algún beneficio.

Aunque el valor del patrimonio histórico es muy importante, no existe aún ningún plan para su integración y puesta en valor, aunque el Plan Especial de Infraestructuras Manzanares Sur así lo especifique y ordene.

Así las cosas, desde septiembre de 2009 se ha incorporado a la Lista Roja de Patrimonio en Peligro de la Asociación Hispania Nostra.

En la actualidad se conservan relativamente en buen estado diferentes instalaciones del Canal. En el Tramo 2 del Parque Lineal del Manzanares se encuentra lo que fuera el complejo de la Casa de la Cuarta Esclusa, hoy catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) por el Ayuntamiento de Madrid. También son apreciables los restos arqueológicos de las esclusas desde la quinta hasta la décima y última, así como diferentes puentes y acueductos: el del Congosto, Cambroneras y Migueles-Hundimiento. También siguen en pie algunas construcciones de la época de Fernando VII que sirvieron para la construcción del Canal. Testigos de un sueño.