Sabino Méndez

Lo que ignora de lo catalán un turista leonés accidentado

Junts pretende cargar a los que vengan de fuera el mismo lastre que sufrió de niño mi primo Pep. Siendo catalanoparlante, le tocó ir un colegio franquista en castellano

 José Luis Rodriguez Zapatero.
José Luis Rodriguez Zapatero.J G Feria

Cada vez que José Luis Rodríguez Zapatero habla de Cataluña, las carcajadas en la región se escuchan en 50 kilómetros a la redonda. La mitad independentista de los catalanes se ríe porque ven que no se entera de nada; pero callan y le dicen que sí, mientras se dan codazos y comentan: «no le llevéis la contraria, que nos convienen pardillos despistados». La otra mitad, los que rechazamos el independentismo, nos morimos de risa ante los papelones que hace con su colosal desconocimiento de la región y con la retórica prestada que usa. Es un discurso con tics léxicos que los autóctonos identificamos perfectamente porque son muy de aquí, de una clase social concreta, tono para él indetectable porque no es de la región y no ha crecido entre sus usos y guiños particulares.

A mí Zapatero no me cae mal, pero es un tipo de León, al fin y al cabo, que se pone a opinar, con una enorme alegría y sin haber vivido aquí, sobre cosas tan intrincadas como la complejísima relación que tenemos los catalanes con nuestras dos lenguas. Lo hace encima usando la retórica de un grupo social muy concreto de la región. Intentaré explicárselo con un caso de experiencia propia. Yo soy hijo de un emigrante asturiano y de una catalana de Vic, (lo que en Cataluña llamamos «del morro fort») y no pertenezco a ese grupo social tan concreto que citaba. Por tanto, me tomaré la molestia de intentar ilustrar un poco sobre aquello que ignora este turista leonés de lo catalán.

En las familias de la burguesía catalana, durante el último medio siglo el hijo mayor, en cuanto entraba en edad púber, se hacía de Convergencia. El hijo pequeño, para reafirmar su identidad a la contra, se apuntaba a los socialistas. No porque fuera menos conservador, sino para blanquear la mancha de xenofobia que todo nacionalismo conlleva. Aparte de reafirmar su identidad personal en la familia, quería sentirse así más bondadoso. Como es lógico, no por ello dejaba de ser íntimamente de derechas. A ello se debe que en Cataluña haya tanto socialista que va a misa y tanto partido político conservador que se llama a sí mismo de izquierdas.

Como el origen del asunto es de burguesía media alta, toda la emigración queda al margen. Y entonces se oyen en Cataluña formidables argumentos como los de Junts, cuando sostienen que en nuestra región no se han de dar papeles a nadie sin saber catalán porque en Zamora no los dan si no sabes castellano. El alcalde de Zamora –que es, precisamente, de Izquierda Unida– ha salido a desmentir tal afirmación oportunamente. Ha recordado que allí se dan papeles sin exigirle a nadie que hable ninguna cosa. Digo yo que, como León pilla más cerca de Zamora que de Barcelona, bien podía haber salido Zapatero también a desmentir tal infundio, puesto que imagino conocerá su zona pucelana.

Los catalanes viajados (que no son todos) identifican enseguida en los discursos mesetarios sobre nuestra región de qué fuentes proviene cada uno. En el caso de Zapatero, se nota que solo dispone de la versión de un amigo del PSC, y no olviden lo que he comentado antes del curioso caso del socialismo catalán. Así que, con esos pobres mimbres, empieza a hacerse un lío sobre si el catalán en nuestra zona es mayoritario o minoritario. Para informarle, contaré cómo mi primo Pep, de Vic, tuvo que bajar de niño a estudiar a Barcelona por un problema familiar. Le tocó un colegio franquista castellanoparlante y como era catalanoparlante parecía un chico muy poco despierto los primeros años. Le costó mucho adaptarse. Luego resultó uno de los miembros más brillantes de la familia, profesor universitario de Física. Pero solo él sabe el esfuerzo, sufrimiento infantil e inadaptación que sufrió a una edad tan tierna. Ahora ese mismo lastre, a la inversa, es el que se pretende cargar a los que vengan de fuera. Todos en esta comunidad tenemos recuerdos de ese tipo y episodios similares al respecto. Es un tema que siempre será de debate en la región, y no uno fácil.

Aterrizar de recién llegado con una caja de mantecados de Astorga debajo del brazo para decir la genialidad de que esta delicadísima controversia es simplemente un debate «fake» ya es significativo. Fíjense que no ha dicho un debate falso o que no existe tal debate, lo cual sería la manera recta y normal de opinarlo, sino que ha usado el anglicismo «fake», que suena más tibio. ¿Y quién usa

expresiones de ese tipo en nuestra región? Desde luego, no la gente más humilde de los barrios, sino aquella misma clase social que habla de espacios de «coworking», de recibir «feedback», de contratos «buyout» o de gente del «staff». Todo muy «cool». Es una manera de hablar oblicua, propia de algunos, para evitar que el peso de

las propias palabras revele claramente, frente a los hechos, que no son ciertas. Zapatero debería tenerlo en cuenta si no desea que alguien vaya a caer en la tentación de pensar que es un simple expresidente «halfwit».