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Unalaska: la fascinante isla que conserva su herencia rusa en pleno territorio estadounidense

Gran parte de su población aún conserva sus apellidos rusos pese al paso de los siglos

Imagen de archivo de Alaska
Imagen de archivo de AlaskaEuropa Press

A lo largo de los siglos XIX y XX, la relación entre Estados Unidos y Rusia ha estado marcada por una compleja interacción de rivalidades y momentos de cooperación, con un impacto significativo en la geopolítica mundial. Desde los primeros intercambios diplomáticos hasta los intensos enfrentamientos de la Guerra Fría, ambas naciones han desempeñado un papel crucial en la configuración del orden global.

Un capítulo poco conocido de esta historia involucra una isla que hoy forma parte del territorio estadounidense, pero que en su momento perteneció a Rusia. Este episodio no solo evidencia la evolución de las relaciones internacionales de la época, sino también el trasfondo de un acuerdo estratégico que, aunque hoy parece lejano, tuvo repercusiones de largo alcance. Durante el siglo XIX, la expansión territorial de Estados Unidos y los intereses rusos en el Pacífico propiciaron un proceso que culminó en un evento clave: la venta de Alaska, que incluyó territorios insulares que aún conservan huellas del dominio ruso.

La isla de Unalaska

El territorio en cuestión es la remota isla de Unalaska, con una superficie de 2.720 km², situada en el archipiélago de las Islas Aleutianas, dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico. Con una población actual de aproximadamente 4.200 personas, la isla destaca por una particularidad llamativa: a pesar del paso del tiempo, aún conserva iglesias y edificios que reflejan la profunda influencia rusa que marcó su historia.

Según fuentes históricas como la BBC, los primeros occidentales en llegar a la isla fueron los exploradores Vitus Bering y Alexei Chirikov en 1741, quienes, al igual que muchos otros exploradores rusos de la época, buscaban nuevas rutas comerciales y territorios para expandir la influencia de su imperio. Sin embargo, no fue sino hasta 1772 cuando se estableció el primer asentamiento ruso en la isla, convirtiéndose en parte del Imperio Ruso hasta 1867, año en que Estados Unidos adquirió Alaska. Aunque la isla pasó a formar parte de territorio estadounidense, su pasado ruso sigue vivo en diversos aspectos de la vida local.

Hoy en día, la isla conserva una rica herencia cultural que incluye una población con apellidos de origen ruso y una comunidad ortodoxa activa. Un claro ejemplo de esta influencia es la Iglesia de la Santa Ascensión, considerada la catedral ortodoxa de planta cruciforme más grande de Norteamérica. Esta iglesia, reconstruida en 1896 sobre templos religiosos anteriores, alberga una de las mayores colecciones de arte sacro y objetos religiosos rusos en Alaska, según la BBC. La presencia de Rusia en Unalaska y otras islas Aleutianas, aunque breve, dejó una marca perdurable en la cultura local.