Habla la descendencia directa de los protagonistas de la colonización: "Lo malo debe ser enterrado"
Son tres "voces autorizadas" de la defensa de lo hispano al otro lado del charco: el heredero del emperador azteca Moctezuma II, el descendiente de una esclava liberada por Bernardo de Gálvez y el bisnieto de Gerónimo. "No hay que pedir perdón", dicen


Madrid Creada:
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José Luis López-Linares sigue inmerso en su cruzada por desmontar la Leyenda Negra: «Completamente falsa y muy peligrosa», suscribían los expertos (de este y del otro lado del Atlántico) en el segundo de los episodios sobre el tema, 'Hispanoamérica'. En él, se señalaba al inicio del mismo que «somos víctimas de un relato que dice que éramos santos indígenas en un paraíso y que esa situación es interrumpida por la llegada de unos barbudos singularmente crueles que solo vinieron a robar, pillar, vejar, matar...».
Sin embargo, la realidad fue bien distinta, y así quedó reflejado tanto en 'Hispanoamérica' como en el episodio inaugural, 'España, la primera globalización', y como también se verá en la nueva cinta que ya prepara el realizador: 'We, the hispanos', un proyecto que ha dado pie a las jornadas de debate sobre los lazos entre ambas orillas en la Fundación Rafael del Pino ('Hispanoamérica, un futuro compartido'), en Madrid –junto a López Li Films y Unidos por la Historia–, donde se ha logrado reunir, entre otros, a tres «voces autorizadas» –«supongo que así nos consideran», reconocen, algo ruborizados a LA RAZÓN–: Ituriel Moctezuma, excandidato a la presidencia de México y tataratataranieto del emperador azteca Moctezuma; Alfonso Borrego, historiador y bisnieto mestizo del líder apache Gerónimo; y Michael N. Henderson, descendiente directo de una esclava negra a la que liberó Bernardo de Gálvez.

"Todas las personas que conozco en México se parecen a alguien que me encuentro aquí. Es la prueba de que somos lo mismo"Ituriel Moctezuma
¿El objetivo de este encuentro? Responde Moctezuma: «Recomponer la relación entre América y España», dice tajante. Pero no se refiere ni a sus gentes –«ahí no hay problema»– ni siquiera a los gobiernos de turno: «Esos se van a llevar bien o mal dependiendo de sus conveniencias políticas». Hacia donde señala el heredero del emperador es a «las capas intermedias. No puede ser que las academias se lancen ataques de un lado para otro. Es ahí donde debería estar la gente de razón y no lo son», afirma.
No quiere nombrar ninguna institución en concreto, pero sí habla de las academias «ultracatólicas que se expresan muy mal sobre las tradiciones nativas y eso no es sano», puntualiza. «Es lo mismo allá que acá. En México, hay organizaciones indigenistas que hablan muy mal de la cultura española; y en España nos tachan de caníbales y hasta nos han comparado con los nazis».
Un camino muy similar es el que pisa el señor Henderson, quien, al principio de la conversación en una de las salas de la Fundación, no tarda en hablar de Agnes Matthieu, su antecesora: «Tengo un documento firmado por Bernardo de Gálvez en el que le da la libertad». Fue a partir de ahí cuando el norteamericano entendió que dar a conocer la figura del militar español era su «deber y misión», asegura sobre un personaje que define como «fundamental de la independencia estadounidense. Dio apoyo a los patriotas». No obstante, en su debe aparece el «desconocimiento» que tiene la calle sobre él, apunta el autor de 'Got Proof!: My Genealogical Journey Through the Use of Documentation', donde cuenta la historia de su familia.
«Honor por mi país»
Se emociona Henderson cuando habla de su pasado: «Es difícil explicar la humanidad siendo una persona de color. La esclavitud ha sido un yugo pesado para la gente negra». Traga saliva y prosigue: «Siento honor por mi país».
Para Borrego, nacido en El Paso, Texas, esa «ignorancia» se debe, en parte, al desprecio por lo hispano (igual que por lo nativo americano, de lo que forma parte el propio Gerónimo). «Su desprecio no me vale. No me sirve que no quieran oír hablar de España. Incluso muchos hispanos piensan así porque creen que no les afecta en su vida. Y la verdad es que les afecta aunque no lo sepan. Es falta de educación, y no lo digo en el mal sentido de la palabra, sino porque no se les han enseñado. Nosotros sí sabemos quiénes somos porque lo hemos estudiado», dice apoyándose en una frase hecha: «Si no sabes de dónde vienes, no sabes a dónde vas».

"Cuando no conoces la historia, es la oportunidad de que otros usen la propaganda para contar su propia versión de los hechos"Michael N. Henderson
A su lado, asiente Henderson con la cabeza antes de volver a tomar la palabra: «Cuando no conoces la historia de un grupo de personas es la oportunidad de que otros usen la propaganda para contar su propia versión de los hechos», comenta el norteamericano en referencia a las palabras de Borrego y a la Leyenda Negra. Y continúa: «La población, en general, no entiende muy bien la historia. Lo que cuentan en los colegios no es la historia correcta».
Alfonso Borrego, por su parte, se detiene en un detalle para ser más gráfico, en concreto, en la estatua de Juan de Oñate de El Paso. Le llaman «el último gran conquistador», pero el historiador puntualiza que «conquistador» no es un término correcto en Estados Unidos. «En inglés», explica, «significa clavar la espada y cortar la cabeza a su adversario, por eso hubo que cambiarlo y convertirlo en “The equestrian”».
Aun así, «los jóvenes más “woke” –señala– le cortan el pie cada año y le gritan “killer, killer” porque corre la leyenda de que le “mochó” el pie derecho a cada miembro de las tribus locales, pero en mi investigación realmente comprobé que no fue tan grosero como se dice. Todavía estoy esperando que le quiten el pie este año», ríe.
Ituriel Moctezuma, por su parte, prefiere no entrar en términos como «colonizadores» o «conquistadores»: «Desde nuestra mexicanidad los definimos como “exploradores”, “visitantes”, porque España ni fundó colonias ni tomó de forma definitiva estas tierras. Hubo muchos lugares que jamás controló. Sí lo hizo con las ciudades, pero no con valles, montañas y playas. Todo eso continuó en manos indígenas».
Y lejos de lo que pudiera parecer, para este descendiente del emperador azteca, Hernán Cortés no es el diablo. «Eso son cosas de estos dos últimos presidentes mexicanos, que han optado por potenciar la mala imagen de España, pero no lo han inventado ellos. Los anteriores no exigieron disculpas, sino que optaron por algo peor, como es ignorar el tema. Los pueblos mexicano y español se saben hermanos pese a las muchas injerencias españolas en México que han fomentado durante años la corrupción. Pero todo eso, todo lo malo, debe ser enterrado. No hay que obligar a nadie a pedir perdón. España debe estar a gradecida con América y América con España».

"Hay muchos hispanos que no quieren oír hablar de España porque creen que no les afecta. Y eso no es así"Alfonso Borrego
Insiste el mexicano en la cercanía entre naciones: «Me gusta venir a España y ver que todas las personas que conozco en México se parecen a alguien que me encuentro aquí. Esa es la prueba de que somos hermanos porque eso no me pasa en Pensilvania, ni en Polonia, ni en París».
Es de este modo como Moctezuma apuesta por «visitar la figura de Cortés en su verdadera dimensión. No se le debe satanizar ni idealizar. Fue un hombre de su época que hizo lo que se le exigía. Fue valiente y tomó decisiones arriesgadas: unas bien y otras mal, pero no fue diferente a los mexicas y otros pueblos del mundo. Todos ansiaban conquistar y hacer crecer sus propios reinos».
Donde también coinciden estas «voces autorizadas» es a la hora de ver en Donald Trump en un hombre más «de boca» que de acciones. «Es solo política», sostiene Borrego en referencia a la desaparición del español (como idioma) de la web oficial de la Casa Blanca. «Son cosas que emplean para “picarle a la víbora”, para cabrear al adversario, así que mejor felicitarnos en lo bonito que tenemos, en la convivencia y en la hermandad. Conviene “echarle agua al chile” para que pique menos».
Aun así, el mexicano retoma la palabra para advertir de que «es un gesto de buen gobernante el tener comunicación con todos sus gobernados. Es como si España se negara a recibir ingleses o no aceptara carteles de publicidad en inglés. Realmente nos insultamos con los españoles o los argentinos porque nos entendemos».
Una cuestión de orgullo
El de El Paso insiste en que, para Trump, no es más que un movimiento de cara a la galería, un guiño a los suyos para «levantar el orgullo del país, que en Estados Unidos está muy bajo ahora. No hay ese espíritu de patriotismo de antes. En México se hace todos los días». «Bueno», responde Moctezuma, «en mi país pones una bandera de EE UU y se convierte en piñata para la próxima fiesta».
El que fuera candidato a la presidencia de su país tiene bien clara la potencia del mundo hispano: más de 500 millones de hablantes del mismo idioma que, «unidos, formamos la tercera fuerza mundial por detrás de EE UU y China. Deberíamos usar la lengua común para hacer negocios y no para pelearnos. En América no podemos hablar mal de España porque eso les resta y España es nuestro padrino en Europa. Francia, Alemania o Inglaterra no van a velar por el bien de la América Latina. El camino es cuidarnos entre nosotros». «De cualquier otro modo», termina entre risas, «si ustedes se avergüenzan de la hispanidad se van a terminar convirtiendo en ingleses con tanta lluvia».