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Turismo
El pueblo de Zaragoza que te permite vivir la experiencia de dormir en un castillo
Esta localidad cuenta, además, con un misterioso y profundo pozo que alberga un microclima único, con temperaturas 10 grados y está rodeado de leyendas
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Aragón está viviendo una revolución turística que está poniendo en valor su rica historia, su patrimonio cultural y su naturaleza impresionante. Durante mucho tiempo, los viajeros consideraban Zaragoza capital como una parada rápida entre Madrid y Barcelona. Sin embargo, esa tendencia está cambiando. Hoy, los pequeños pueblos aragoneses están saliendo a relucir gracias a su autenticidad y al esfuerzo por adaptarse al turismo contemporáneo innovando en turismo especializado.
Uno de los grandes desafíos que enfrentan estas localidades es la despoblación. Aragón es una de las comunidades autónomas con más municipios de menos de 100 habitantes. Esta situación, aunque preocupante, ha puesto de manifiesto un aspecto positivo: muchos de estos pueblos cuentan con legado histórico y arquitectónico que puede convertirse en un motor económico si se gestiona adecuadamente.
Grisel, un pequeño pueblo con encanto medieval
Un ejemplo destacado de cómo el turismo puede transformar una localidad es Grisel, un pequeño pueblo con apenas 93 habitantes situado cerca del Moncayo. Este lugar alberga el Castillo de Grisel, una fortaleza construida entre los siglos XIV y XV que estuvo a punto de desaparecer en los años 80. Tras tres décadas de restauración, el castillo se ha convertido en una casa rural única disponible al público.
El Castillo de Grisel cuenta con siete habitaciones decoradas con temáticas literarias y una suite con jacuzzi y terraza. Además, ofrece la posibilidad de recrear experiencias medievales, como alquilar trajes de época, disfrutar de cenas temáticas y participar en actividades relacionadas con la historia del lugar. Los visitantes pueden vivir la sensación de estar en otro tiempo sin salir de Aragón.
El castillo, que también dispone de cocina, bodega y una capilla, se alquila en su totalidad para estancias mínimas de dos noches. Esta experiencia no solo beneficia al turismo, sino que también genera ingresos y empleo para la comunidad local.
¿Qué hacer en Grisel?
Su principal atractivo es el Castillo de Grisel, una fortaleza gótica del siglo XIV restaurada con esmero y convertida en un hotel boutique. Muy cerca, el Pozo de los Aines es otra parada imprescindible: una sima natural de 30 metros de profundidad rodeada de vegetación exuberante, perfecta para explorar su microclima único y descubrir las leyendas locales asociadas al lugar.
Una de las historias más difundidas relata que, hacia 1535, un acaudalado morisco llamado Hamet-Ben-Larbi decidió trabajar en un día festivo, desobedeciendo las normas religiosas. Mientras araba sus tierras, la tierra se abrió bajo sus pies, engulléndolo a él y a sus caballerías, formando así el Pozo de los Aines como castigo divino. Otra leyenda sugiere que el pozo servía como pasadizo secreto que conectaba con el cercano castillo de Grisel, permitiendo a sus habitantes escapar en caso de asedio.
Además, Grisel invita a disfrutar de su entorno natural con rutas de senderismo como la del Monte de La Diezma, que ofrece vistas impresionantes del Moncayo y sus alrededores. Pasear por el casco urbano del pueblo, con su arquitectura tradicional y rincones históricos, también es algo que no se puede perder. La cercanía de Tarazona, a solo 5 kilómetros, es ideal para visitar su catedral y otros monumentos emblemáticos.
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