A pesar del...
Jordi Alberich y el liberalismo
Hablando de poder, don Jordi sostiene que la cuestión de la vivienda se debe a «décadas de inacción de unos y otros»
Gracias a mi viejo amigo, Juan Torras, de la distinguida familia de liberales catalanes, leí un artículo que publicó hace un tiempo en La Vanguardia Jordi Alberich, y que agrupa varios errores en torno a la vivienda.
Empieza hablando del derecho a la vivienda, señala que es tan fundamental como la sanidad o la educación, y cita la Constitución, sin reparar, como no repara casi nadie, en que los derechos sociales pueden chocar con los derechos de las personas, en especial el derecho a conservar el fruto de su trabajo, y en que la garantía constitucional no es a tener una vivienda sino a «disfrutar» de ella, lo que no es igual, y desde luego no significa que yo tenga derecho a que el poder político la obligue a usted, señora, a pagarme una casa.
Hablando de poder, don Jordi sostiene que la cuestión de la vivienda se debe a «décadas de inacción de unos y otros». En serio. Habla en serio de décadas de inacción en un mercado que lleva décadas intervenido por la acción constante de las autoridades.
Es precisamente esa acción la que el autor ignora en sus costes y consecuencias. Sugiere «la limitación en el precio de los alquileres», como si eso no redujera la oferta, y afirma: «La solución pasa por la creación de un ambicioso parque de vivienda pública», como si eso no recortara la ambición de las trabajadoras de proteger sus salarios.
Repite el nuevo mantra antiliberal, que cree haber encontrado el milagro no en Milán sino en Viena, con alquileres abaratados artificialmente «de por vida», como si eso no significara crear una casta de privilegiados a expensas del conjunto del pueblo; incluso fantasea con que esa situación de privilegio no se va a perpetuar, por que «muchos ya acabarán por comprarse un piso en el mercado no regulado», que es lo que no ha sucedido nunca, y menos aún en Viena –cf. «Vivo progre sin vivir en mí», disponible aquí: https://bit.ly/405vlFI.
Por fin, dos viejos tópicos: «el error de creer que el libre mercado lo resuelve todo por sí solo», como si esto fuera cuestión de magia y no de derechos, y como si recortarlos arreglara las cosas; y «las exageraciones del mal entendido liberalismo son el peor enemigo del capitalismo» y son fuente de votos para los radicales, como si proteger el capitalismo requiriese socializarlo.