El personaje

Íñigo Errejón: un señorito jaranero

El antaño «enfant terrible» se movía desde hace tiempo entre auténticas purgas al estilo leninista contra voces críticas

Errejón
ErrejónIlustraciónPlatón

No parecen importarle mucho las acusaciones de algunas mujercitas, entre ellas la denuncia de la actriz Elisa Mouliaá, por presunta agresión sexual, que le ha llevado a comparecer ante el juez de instrucción Adolfo Carretero. El cofundador de Podemos y ex portavoz en el Congreso de Sumar, Íñigo Errejón, niega la versión de los hechos, admite que besó y tocó a la denunciante, pero insiste en que todo fue consentido.

Además, Errejón anuncia que tras esa noche loca, en la que Elisa asegura le echaron «algo en mi copa», aportará pruebas de mensajes posteriores entre ambos. El juez ha dado cinco días a las partes para formalizar pruebas de un caso sórdido, que el ex niño bonito de Yolanda Díaz encuadra en una gran mentira, búsqueda de notoriedad mediática y ambición económica. «Es una caza de brujas contra mi persona y un complot de la derecha», dice el imputado tan campante.

Lo cierto es que días antes de su declaración ante el juez se lo pasó en grande en una conocida discoteca madrileña en compañía femenina hasta altas horas de la madrugada. Algunos testigos afirman que estaba divertido y tan tranquilo.

A este comunista bolivariano, en su día mano derecha de Pablo Iglesias, le va la marcha y la buena vida. «Es un juerguista», dicen compañeros de su antiguo grupo parlamentario en el Congreso. Un señorito jaranero, amante de las salidas nocturnas y locales de moda. Tras la denuncia de Elisa Mouliaá se refugió en una imponente mansión en la localidad de Húmera, en la urbanización más lujosa de Pozuelo de Alarcón, Somosaguas, residencia de las clases más adineradas del país.

Un casoplón con inmenso jardín y varias piscinas, que según su entorno pertenece a unos amigos pero que él notificó al juzgado como su residencia. No hay nada como ser de izquierdas radical para engrosar la casta antes atacada y convertirse en un pijo-progre con gustos de millonario. Desde ese recinto prepara su defensa en medio de declaraciones soeces, vulgares, y piensa saldrá indemne por falta de pruebas. Palabra contra palabra.

Este episodio, a expensas de lo que finalmente decida la justicia, aflora una conducta carente de valores en unos dirigentes que vinieron con enorme soberbia a dar lecciones a todo el mundo y han acabado abrasados. Las acusaciones de acoso y violencia machista contra Errejón, llegando a calificarle como «un verdadero psicópata», demuestran también el despotismo de una ideología dictatorial con invasión sin respeto en la vida privada de las personas. Las agresiones denunciadas por varias mujeres, al parecer sobre un tema ya sabido por muchos pero incomprensiblemente oculto hasta ahora, revelan como la izquierda extrema se cuece hoy en su propia salsa.

Conviene no olvidar que el nombramiento de Errejón como portavoz de Sumar en el Congreso fue una apuesta personal de la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en su objetivo de traicionar a quien fue su auténtico valedor, Pablo Iglesias, y desarticular a Podemos. Si realmente en el partido dudaban de que Errejón fuera el portavoz idóneo «por sus adicciones», la posición de Yolanda queda muy en entredicho en un momento en que Iglesias y sus fieles escuderas, Ione Belarra e Irene Montero, buscan convertir a Sumar en un campo de minas.

El antaño «enfant terrible», mano derecha de Iglesias, delfín después adoptado por Manuela Carmena, se movía desde hace tiempo entre auténticas purgas al estilo leninista contra voces críticas y una vida sentimental veleta. «Tiene muchas novias, pero le duran poco», decían los críticos de Mas Madrid, su anterior partido luego integrado en Sumar.

Íñigo Errejón Galván nació en Madrid en el seno de una familia de izquierdas, pero se educó en un colegio elitista en Pozuelo de Alarcón y luego estudió Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Complutense. Próximo al marxismo libertario, fue aquí dónde se forjó el núcleo fundacional de Podemos con Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Rita Maestre y Carolina Bescansa, entre otros.

Errejón, fervoroso defensor de las dictaduras latinoamericanas, ha tenido en el plano sentimental varias relaciones. La primera con Rita Maestre, conocida como la «Asalta capillas» en aquellos años de la Complutense. Después con la periodista catalana Gloria Mena y con la diputada de la CUP Mireia Vehí, a quien conoció en el Congreso. Bajo esa doble vara de la izquierda populista, rojos por fuera y burgueses por dentro, Errejón se define «anarquista y libertario», pero le gusta vivir a lo grande. Ahora afronta un escándalo quizás de consecuencias penales impredecibles.