Estreno
Recetas de pasión en tiempos de la revolución mexicana
►Max estrena la adaptación de «Como agua para chocolate», de Laura Esquivel
Recuerdo que en mi juventud cuando leí la novela de Laura Esquivel, «Como agua para chocolate» (1989), me llegaron todas sus palabras. En esa época me aficioné a los exponentes del llamado realismo mágico llevado por un romanticismo de juventud. La obra es apasionada, deliciosa, bellísima y muy triste. Su virtud de asociar comida a sentimientos es algo que todavía me convence. Por eso ver los dos primeros episodios de la adaptación de la novela a serie que acaba de estrenar la plataforma Max son un deleite para los sentidos. Sus parajes, personajes, música y mensaje calan pronto en un espectador saturado de true crimes y ficciones de atracón.
La historia comienza mirando al cielo y rápidamente nos cuela en la preciosa cocina de la familia De la Garza en la hacienda de Las Palomas en Piedras Negras (Coahuila, México). Allí tendremos el primer contacto con la imprescindible voz de la narradora que nos mece y nos presenta la comida y las mujeres protagonistas, incluida Tita (Azul Guaita), que llorosa por la cantidad de cebolla que corta Mamá Elena (Irene Azuela) se dispone a salir de su vientre allí mismo. Así su vida estará marcada por el desprecio de ser la hija menor, aquella encargada en quedarse en la casa familiar para cuidar a su madre hasta que esta muera. Su vida se desarrollará entre los fogones de la cocinera de la familia, Nacha (Ángeles Cruz), que le enseñará todos los secretos de la gastronomía mexicana, sin darse cuenta de que sus sentimientos y emociones serán un condimento inesperado para todos los «platillos» que prepare. La serie, que produce Salma Hayek, destaca por las poderosas voces femeninas en un mundo de hombres y en el contexto histórico del comienzo de la revolución mexicana (1910). Entre tanto, Tita conoce pronto al que será su amor para toda la vida, Pedro Múzquiz (Andrés Baida), al que le unirá una pasión arrolladora, pero también los desengaños y una boda que acabará en tragedia. Durante la presentación de la serie en el festival Iberseries & Platino Industria, sus responsables indicaron que no resultó nada fácil llevar a la pequeña pantalla el realismo mágico que tiene tanto de irreal y fantástico, y que el truco radica en que todo el mundo aparente normalidad ante hechos mágicos, casi ensoñaciones.
Cada uno de los personajes femeninos está trazado con una fina y segura línea que nos permite descubrir el alma libre de Gertrudis (Andrea Chaparro) que se deja seducir por el lado rebelde de la vida; Rosaura (Ana Valeria Becerril) es la representación viva de la mojigatería llevada hasta el extremo y dueña de las mayores traiciones; la omnipresente Nacha (Ángeles Cruz) dueña de la cocina y que se siente identificada con Tita por ese agua para chocolate a punto de estallar. Mención especial a la actriz Irene Azuela, que como Mamá Elena uno siempre espera a que se doble, pero seguirá fiel a la tradición en la que el amor no existe y el matrimonio solo es un negocio.
La serie, de la que esperamos más temporadas habla de las tradiciones pasadas de moda y los corsés de una sociedad que discrimina entre trabajadores y patrones, hombres y mujeres, pero que siempre está a punto de romperse por la fuerza del amor pasional y romántico que parece haber desaparecido de nuestras vidas, pero que permanece incluso en la comida.
El protagonismo del realismo mágico
►Como bien apuntó Gloria Saló en el panel de Iberficción el realismo mágico tendrá varios estrenos durante los próximos meses. El primer estreno ha sido «Como agua para chocolate», pero rápidamente le seguirán su mayor mago Gabriel García Márquez, y una de las producciones más esperadas, la adaptación de «Cien años de soledad» (Netflix, Colombia). También llegará la fascinante historia de «La casa de los espíritus» (Amazon Prime Video, Chile) basada en la obra de Isabel Allende.
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