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Con su permiso
Y nosotros con estos pelos
El mundo se da la vuelta y en España y en Europa seguimos a lo de siempre
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Van los de la derechita extrema de reunión en reunión y tiro porque me toca, en una incesante y entusiasta celebración del nuevo liderazgo mundial.
Se le hace a Elisa que los de la cuerda trumpista o trumpiana, como dice su amiga María Jesús, son los únicos que de verdad se están enterando de que va todo esto que empieza a pasar en el mundo. El cambio que ya está aquí, porque viene cada mañana de la mano de los papeles que va firmando el peliteñido que ocupa la Casa Blanca. A decreto por hora, que circula el señor Trump. O casi. Y entre firma y firma, pues va dejando por ahí sus delicadezas como llamar tirano a Zelenski y echarle la culpa de la invasión rusa, como cuando se le dice a una chica atacada que va provocando por llevar minifalda. El líder ucraniano se revuelve y asegura que Trump vive en una burbuja de desinformación. Pero los USA aprietan hasta el punto de que tras una dosis de Kellogg, el enviado especial de Washington que tiene nombre de evocación mañanera, se le bajan los humos a Zelenski y declara que bueno, que podrían llegar a un acuerdo sobre seguridad e inversiones que interesa a Kiev para no perder definitivamente la guerra después de tres años atroces y a Estados Unidos para hacerse con las llamadas tierras raras que son materia prima de la tecnología digital.
Deprisa, deprisa. Todo va muy rápido, y pilla desprevenida o en la inopia a la vieja Europa. Sobre todo a ella. Como si no se enterara o no quisiera hacerlo de que también ella ha de ponerse pilas nuevas.
Piensa Elisa que solo los del bando o la banda de Trump están calibrando con precisión la medida de lo que empieza a suceder. Los palmeros que hace un par de semanas se concentraron en Madrid con la boca llena de patria europea que no ejercen, se citan estos días en Washington con la misma fanfarria fiestera y rompedora y los mismos actores que aquí saludaron el advenimiento de su mesías. Este año la Conferencia Política de Acción Conservadora es más internacional que nunca. Y más trumpista que Trump. Una exaltación del poderío extremo y populista que está moviendo la palanca del equilibrio internacional.
Que se lo digan a Putin que ha pasado de ser un paria despreciado a un amigo con el que se puede debatir y casi ir de fiesta para el nuevo Rey del Universo. Occidente le señaló y condenó por su infame invasión de un país soberano como Ucrania y Trump le otorga la cualidad de líder mundial que está en su derecho de invadir a quien quiera si se siente amenazado.
Que se lo digan a Zelenski, héroe transmutado en villano por la gracia del mismo que salva la honra de su enemigo.
Y que se lo digan a Europa, que parece no haberse enterado. La Europa liberal, la que se ha estado construyendo con el esfuerzo y el orgullo de quienes, como Elisa, creen que su historia y su pálpito democrático eran a la vez ejemplo y garantía, está a verlas venir. En escena, pero perdida. Desconcertada, desnortada, desmadejada, desanimada y así todos los «des» que el lector quiera y definan cómo en este momento histórico se hace cada vez más pequeña.
Elisa siente el desasosiego que provoca ver que en este tiempo crítico que requiere acciones contundentes y, sobre todo, rápidas, la vida en Europa sigue igual. Frenar la política suicida de un tipo que firma decretos y cambia el mundo a la velocidad de los mensajes de la red de su todopoderoso Richelieu-Musk, no se hace manteniendo la pesadez burocrática de siempre, diciendo al mundo que vamos a hacer algo ante lo que sucede, mientras se anuncia que se está elaborando una respuesta. Elaborando: el gerundio de los tiempos eternos, de se hará lo antes posible, que es la antesala a la ocasión perdida.
En este tiempo ya no se puede perder tiempo. La nueva administración norteamericana está cargándose los fusibles de un sistema global que, aunque imperfecto, se regía por leyes globales y más o menos aceptadas por todos. En breve, eso ya será historia. Y la respuesta de Europa, la misma matraca de siempre: vamos a ver qué hacemos, a ver qué fusibles y en qué parte del almacén están los que corresponden. Ya si eso, cuando los encontremos nos volvemos a reunir para decidir si ponemos éstos o aquellos o si le encargamos a un tercero que nos dé un plazo para tenerlos listos para un nuevo examen. Y así hasta la eternidad.
Hay que reconocerle a Sánchez coherencia y valor para presentarse el lunes que viene, como ha dicho que va a hacer, en Kiev a recordar junto a Zelenski que hace tres años un tirano invadió Europa. Pero no disipa los temores de Elisa porque es solo un gesto y porque mientras viaja allá, parece que aquí lo único que preocupa es la tragicomedia del desencuentro PSOE-Sumar con las dentelladas entre sonrisas que se pegan las vicepresidentas, o ahora la nueva revelación de esa inclinación rijosa de algunos líderes de la izquierda desnortada.
El mundo se da la vuelta y en España y en Europa seguimos a lo de siempre.
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