Muere la gran Roberta Flack, la más blanca de todas las artistas negras
La cantante, que padecía ELA, ha fallecido con 88 años
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«Soy una persona que ha logrado perdurar porque he elegido permanecer fiel a mis propios ideales y principios, y fiel a mi propia experiencia», dijo una vez Roberta Flack. Y añadió: «Soy una persona negra que canta como lo hago. No soy una persona negra que suene como Aretha Franklin o como Chaka Khan. Sé lo que soy y no quiero, y no debería tener que hacerlo, cambiar para ser quien soy». No se puede resumir mejor a su muerte lo que hizo ella en vida. Porque, en efecto, Roberta Flack fue probablemente la más blanca de las cantantes negras. Una voz extraordinaria y peculiar, tan suave como la canción con la que arrasó, «Killing me softly with his song». Sufrió un derrame cerebral en 2016 y dos años después se desplomó durante un concierto, lo que la obligó a usar una silla de ruedas. En 2022 le diagnosticaron ELA y fue perdiendo su voz antes de perder la vida, como siempre sucede con tan terrible enfermedad. A ella también se la llevó. Roberta Flack fue una cantante de formación clásica que desafió un buen número de leyes no escritas para alejarse del soul más visceral y entregarse a lo que ella describía como «soul científico», una mezcla de talento, gusto y obsesión por la perfección. Su carrera discográfica incluyó más de 20 álbumes, ocho canciones que entraron en las listas de Billboard y cuatro premios Grammy, entre numerosas nominaciones. Se definía a sí misma como «simplemente una pequeña chica de campo» que trabajó «muy duro para ser artista» huyendo del glamour y el divismo.
Esta mujer fue repudiada por muchos por su elección de un soul repleto de baladas sencillas con una instrumentación mínima. Muy FM en general. Y dio con una comercialidad que muchas no encontraron jamás, convirtiéndose en la primera artista solista en ganar Grammy consecutivos por grabación del año. Nacida como Roberta Cleopatra Flack el 10 de febrero de 1937 en la pequeña Black Mountain, Carolina del Norte, era hija de Laron LeRoy, un dibujante que tocaba el piano, y de Irene Flack, organista del coro de la iglesia. Comenzó a tocar el piano de oído cuando tenía 4 años y al poco tiempo ya estaba estudiando las obras de Bach, Beethoven, Chopin y Schumann. Todo un contraste con tantas y tantas crecidas entre la tierra, el algodón, las palizas y el lamento del blues y el góspel. Y más detalles que hablan de su música científica: se graduó de Howard a los 19 y consiguió su primer trabajo enseñando literatura inglesa en Farmville, Carolina del Norte, antes de mudarse a Washington, donde podía enseñar por la tarde y pasar las noches actuando en clubes nocturnos. Durante un largo tramo de su carrera, Roberta Flack produjo sus propios álbumes, incluido «Feel Like Makin’ Love», de 1975, y «Blue Lights in the Basement», de 1977, usando el seudónimo de Rubina Flake como una broma. En ese momento, las productoras de discos negras, incluso de estrellas como ella, eran excepcionalmente raras. Ella elegía su propio material y arreglos, y se presentaba a las sesiones finales de mezclas. «Algunas personas hacen un álbum en una semana, pero por lo general suena como si se hubiera hecho en una semana», sería otra de sus frases más características. O esa sonrisa que soltaba cuando la llamaban «la Joni Mitchell del soul» por su pulcritud, sofisticación y glamour. Todo eso es lo que se acaba de ir.