Estreno

Aitana se enfrenta a sí misma: “Soy mi peor hater”

Netflix estrena hoy "Aitana: Metamorfosis", una serie documental diferente, que huye de deslumbrar con la fama y el éxito de su protagonista y se centra en la persona

Aitana se enfrenta a sí misma: “Soy mi peor hater”
Aitana se enfrenta a sí misma: “Soy mi peor hater” Netflix

Supongo que haber nacido al otro lado del charco, ser de otra generación y crecer inmerso en una cultura diferente me han hecho altamente inmune a la influencia del evidente éxito de las actuales estrellas juveniles españolas, aquellas omnipresentes en el mundo virtual y que traducen los “likes” de sus perfectamente cuantificados seguidores en millones de euros en sus cuentas. Además, son tantas que para mí es prácticamente imposible tenerlas referenciadas, más allá de algún estribillo pegajoso que pudiera llegar a tararear con tanto desconocimiento de su letra como desinterés por una música con la que, sencillamente, no conecto, pues mis gustos musicales están en las antípodas de lo que actualmente se propone. Quizás lo mío es otra cosa, será que me hago muy mayor.

Asumo, pues, mi responsabilidad y culpa, porque en ese ninguneo generalizado he tenido sumida también a Aitana, una artista de la que conocía su existencia, pero en la que nunca me interesé de verdad. Al menos, hasta ahora, que he podido ver su “Metamorfosis”, la docuserie que Netflix estrena hoy. Y debo decir que, después de zamparme los seis episodios prácticamente del tirón, ahora siento por ella un profundo respeto.

Dirigida por Chloé Wallace (“Un cuento perfecto”) y producida por Komodo Studio, “Aitana: Metamorfosis”no es una de esas típicas series de formato “inside” cuyo único objetivo es mostrar más de eso que la gente quiere ver para fidelizar aún más a sus seguidores y seguir rentabilizando una marca. La de Aitana es distinta porque ella, con una generosidad admirable, ha optado por abrirse en canal con una sinceridad pasmosa.

Es precisamente ese elemento el que hace que todo tenga sentido, porque absolutamente todos los seres humanos, como ella, tenemos nuestras motivaciones y dificultades, nuestros pequeños y grandes éxitos, nuestros amores y nuestras rupturas, llámense “Operación Triunfo”, “Bernabéu”, “hipoteca”, “Sebastián Yatra” o (ponga aquí el nombre de ese amor que ahora le trae a usted de cabeza). Por supuesto que todas esas circunstancias, incluso las aventuras puntuales, como vivir en primera persona el paso de un huracán o presenciar la manera como pueden nacer algunos de sus éxitos musicales, tienen su interés y generan la suficiente curiosidad para permanecer sentado frente a la tele, pero el resultado final de la docuserie va mucho más allá. El verdadero valor de “Metamorfosis” es que todo se relativiza: no se trata de su éxito, ni siquiera de su música, sino del ser humano que lo protagoniza, de cómo Aitana Ocaña asume su rol como mujer, de cómo un ser humano vibra y vive gracias (o a veces a pesar de) un talento.

A sus 25 años, la catalana se muestra en “Metamorfosis” con una franqueza que desarma. No hay imposturas ni poses de diva; al contrario, vemos a una joven que, pese a la magnitud de su éxito, se enfrenta a las mismas dudas y angustias que cualquier persona. Asume con naturalidad que es un “saco de boxeo” para los haters y confiesa, con honestidad brutal, que muchas veces su peor enemiga es ella misma. En una industria que suele premiar la perfección calculada, su vulnerabilidad es un acto de la más auténtica valentía.

De forma paralela, la docuserie nos lleva a su proceso creativo, a ese refugio donde la música se convierte en una tabla de salvación. La exposición pública, con sus luces y sombras, es un peso que Aitana carga con conciencia plena, pero también con la necesidad de aferrarse a algo, a cualquier cosa que le genere, aunque sea, la ilusión de tenerlo todo bajo control. Es ahí donde su entorno más cercano, sus amigas y su familia, son el soporte que la mantiene en pie, pero la batalla interna es suya. Por eso, aunque ella misma haya confesado que en el documental no habla explícitamente de la depresión que ha sufrido, no hacía falta que lo mencionara, porque esta se puede llegar a intuir en su día a día. Es justo ahí donde la sinceridad y el valor de Aitana, que no quiso ocultar nada en esas imágenes, así como el tacto de Wallace al tratarlas, dan el verdadero sentido de realidad al proyecto.

“Aitana: Metamorfosis”genera respeto precisamente porque no es una celebración del éxito, sino un retrato crudo y real de una mujer joven en pleno proceso de encontrarse a sí misma. No es una historia de fama, sino de identidad, de la lucha por equilibrar lo que se es con lo que el mundo espera que seas.

El Bernabéu, símbolo de cumbre y gran revés

Aparte de la música como hilo conductor de “Aitana: Metamorfosis”, el documental tiene en los conciertos que la artista iba a celebrar en el estadio Santiago Bernabéu el símbolo de uno de sus más importantes logros y, posteriormente, de uno de los reveses más duros de su trayectoria al ser cancelados. A lo largo de los seis capítulos de la serie, la alargada sombra del Bernabéu está presente en cada decisión que Aitana y su entorno deben tomar con respecto a su carrera, pero más allá de un argumento ideal para un proyecto audiovisual, se convierte en el gran motor que impulsa el crecimiento personal de la artista catalana.