El canto del cuco

Callejón sin salida

El Gobierno tiene serias dificultades para cumplir el mandato constitucional de presentar en el Congreso los Presupuestos, pieza esencial para gobernar.

Hay un clamor pidiendo elecciones. Lo recogen todos los sondeos en este comienzo de primavera, cuando cesan por fin las lluvias y se abren los cielos mientras el paisaje político se cubre de oscuros nubarrones. La convicción general, a izquierda y derecha, es que así no se puede seguir. El pacto de legislatura que instaló a Pedro Sánchez en La Moncloa está roto. El Gobierno tiene serias dificultades para cumplir el mandato constitucional de presentar en el Congreso los Presupuestos, pieza esencial para gobernar. Sabe que carece de apoyos suficientes y prefiere evitar una derrota clamorosa, equivalente a una moción de censura. Nadie le garantiza, sino todo lo contrario, que el año que viene pueda aprobar las cuentas del Estado reiteradamente prorrogadas, año tras año, como el cuento de nunca acabar.

Se da la circunstancia añadida, no menor, de que es preciso, por imperativo europeo, incrementar considerablemente los gastos de Defensa, lo que dificulta la prórroga sin más de los vigentes Presupuestos, que vienen de la anterior legislatura. Este gasto extraordinario podría quizás hacerse, no lo sé, mediante un decreto-ley, pero tropezaría con el voto en contra de la mayor parte de los socios y aliados del Gobierno, empezando por Sumar y Podemos. Ante esta insalvable situación, el presidente Sánchez ha tratado de camuflar los gastos de armamento militar, que es de lo que básicamente se trata, con inversiones en seguridad y desarrollo tecnológico. Pero no ha colado. Así que parece decidido a rehuir el Parlamento y hacer de su capa un sayo, aunque le acusen de autócrata.

La cuestión de la Defensa, junto con la forma de Estado y la política exterior, ha puesto de manifiesto las grietas insalvables en el «Gobierno de progreso». No es asunto menor. Padecemos un Gobierno dividido, que no da más de sí. Sólo les unce la necesidad de permanencia. Aguantar hasta 2027, luego ya se verá, es el machacón argumento de Pedro Sánchez junto con el fantasma de la extrema derecha, en un momento en que todos los caminos de la corrupción confluyen en La Moncloa. Esta es para la mayoría la razón decisiva a favor de un cambio cuanto antes. Pero sólo los gobernantes demócratas, como acaba de hacer el canciller alemán Olaf Scholz, socialdemócrata como Sánchez, convocan elecciones sabiendo que las tienen perdidas. En fin, se atribuye a De Gaulle aquello de que «nadie puede gobernar fácilmente un país que posee 265 clases de quesos». Pues mucho menos se puede gobernar un país con una veintena de partidos diferentes, cada uno de su padre y de su madre.