Escenarios

Rusia sale a flote con una economía de guerra como nuevo motor industrial

El PIB del país creció un 4% en 2024 mientras Putin trata de profundizar su relación con China e impulsar una moneda propia al margen del dólar y el euro

Moscú (Federación Rusa), 05/07/2023.- Vehículos militares rusos desfilan frente a la Catedral de San Basilio en la Plaza Roja de Moscú, Rusia, después de un ensayo general para el desfile militar anual antes del Celebraciones del Día de la Victoria. Rusia se está preparando para conmemorar el 78 aniversario de la rendición incondicional de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial (WWII). El desfile militar tendrá lugar en la Plaza Roja de Moscú el 09 de mayo.EFE/MAXIM SHIPENKOV
Militares rusos ensayan para el desfile del Día de la Victoria en MoscúMAXIM SHIPENKOVAgencia EFE

De aquella fatídica mañana han pasado ya tres años. Era un jueves y los rusos volvían al trabajo, después de un día de fiesta, mirando estupefactos las pantallas de sus teléfonos móviles en vagones de metro y cafeterías, sin entender muy bien lo ocurrido. Procesar esas imágenes se convirtió en algo difícil, el ejército de su país había entrado por varios frentes en casa del vecino, donde vivían millones de sus familiares. De la sorpresa se pasó a la indignación y a las protestas callejeras. De ahí, a la calma.

Transcurridos 36 meses de aquel día la gente tiene asumida su realidad, un poco más difícil de la de aquel mes de febrero de 2022, cuando respiraban aliviados tras el fin de la pandemia sin sospechar que echarían de menos esos meses de confinamiento. Hoy en las calles de Rusia encontramos carteles que invitan a unirse al ejército por suculentos sueldos, se comentan los avances en el frente y se ven lisiados con uniforme militar, detalles que les recuerdan a sus ciudadanos que su país está en guerra. Hay gente que se ha ido motivada por la disconformidad o el miedo a ser movilizada, los que se han quedado siguen con sus vidas, preocupados por los hijos, el trabajo y la hipoteca. Las movilizaciones de entonces parecen olvidadas.

Ya no está Navalni, Putin sí. Su popularidad goza de buena salud y volverá a subir a índices históricos cuando se firme la ansiada paz y el país vuelva a una cierta normalidad. Un país que no volverá a ser el mismo y que en estas 156 semanas ha comenzado a mirar más adentro que afuera. La dependencia de los países occidentales en lo que respecta a bienes de consumo desaparece mientras empresas locales sustituyen a las grandes marcas que se establecieron en Rusia cuando terminó la Unión Soviética. El nuevo motor económico es la guerra y su industria.

Según el último presupuesto federal de Rusia, el país gastará 13,5 billones de rublos en su ejército en 2025 (135.000 millones de euros). Los economistas no han ocultado que el estímulo es en gran medida responsable del reciente crecimiento económico de Rusia, con un aumento del PIB de alrededor del 4% el año pasado. El impacto de las sanciones internacionales se ha dejado notar en la economía rusa al restringir el acceso al país a la financiación y reduciendo las exportaciones de petróleo y gas.

Estimaciones independientes hablan de un desplome de casi una cuarta parte de los ingresos por venta de energía, que podrían seguir disminuyendo en los próximos tres años, cifras ya previstas por el Kremlin. Días después del comienzo de la guerra, compañías como las petroleras BP y Shell ya habían retirado sus inversiones en Rusia. Más tarde se irían la energética italiana Eni, cancelando su participación en el gaseoducto Blue Stream, o las navieras Maersk y Mediterranean Shipping Company, que suspendieron todos los envíos de contenedores a Rusia, excluyendo alimentos, suministros médicos y humanitarios.

El Banco Central de Rusia ha intervenido para estabilizar el mercado aumentando las tasas de interés hasta el 20%, medida que ha conseguido frenar la inflación. El alivio de las sanciones insinuado por la nueva administración norteamericana supondría una gran ayuda para la economía rusa, que espera eliminar las restricciones a las transferencias internacionales y la restitución del sistema SWIFT a los bancos rusos, facilitando el comercio internacional.

Vista la acogida del presidente Trump, no parece que Putin cierre las puertas a futuros acuerdos comerciales con Estados Unidos. La postura de Europa sigue inamovible imposibilitando un acercamiento mutuo, al menos en lo económico. Las esperanzas del Kremlin están puestas en China, con quien el intercambio comercial ha subido desde el 2022, y en los BRICS. Rusia está priorizando su participación en el grupo de países emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cuya última cumbre se celebró en la ciudad rusa de Kazán el pasado mes de octubre.

Moscú ha abanderado varias medidas con el objetivo de convertir al grupo en una organización de peso a nivel internacional, entre ellas su ampliación y la posibilidad de emitir una moneda propia que haga frente a dólar y euro. Expulsada del G7 en 2022, Rusia no se plantea volver al grupo de los países más poderosos del planeta, a pesar de la reciente propuesta del presidente Trump para volver a aceptarles. El Kremlin se ha movido durante los últimos años para buscar nuevas alianzas con países asiáticos, africanos y latinoamericanos, que han empezado a dar sus frutos, encontrando un lugar que antes se encontraba en Europa.

El mundo multipolar demandado por Putin parece haber experimentado un empujón en los últimos tres años y Rusia podría tener un papel protagonista. Mientras, los rusos siguen atentos a las noticias esperando que la guerra y sus consecuencias se conviertan pronto en parte de su historia.