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Ábalos proclamó, recién llegado al gobierno: «Somos el nuevo Partido Socialista dispuesto a ‘‘combatir la justicia’’ (sic)». Ergo, esto ya no va de ideología. Es algo mucho peor

Washington Post, Doerfler y Moyn escriben alarmados que no podemos idealizar la justicia como única salvadora de una situación que tiene a todo EEUU (republicanos y liberales) desquiciado. Pues, ¿y si los jueces no pueden o no desean hacer ese trabajo? El presidente ha creado una mayoría súper-conservadora confiando en que «sus» jueces eviten cumplir las leyes que ha aprobado el Parlamento. Exactamente lo mismo ocurre aquí, en España, donde el desacreditado Tribunal Constitucional opera como una corte superior que corrige las sentencias del Supremo que se desvían de los criterios meramente interesados del gobierno. Otro analista, Dana Milbank, sostiene que Trump está infringiendo la ley, y que cuando tropieza con la oposición de la justicia, denigra a los Tribunales y al Estado de Derecho. Igual que sucede aquí, donde el gobierno y sus socios atacan a los jueces «incómodos», tachándolos de «franquistas, fascistas, ultraderechistas…» cuando toman decisiones que no se ajustan a los deseos del Ejecutivo y sus asociados políticos. Tom Homan, encargado por Trump de deportar inmigrantes, lo ha dicho sin rodeos: «No me importa lo que piensen los jueces», usando el mismo lenguaje que utilizan aquí muchos prebostes para denostar a quienes los persiguen con procesos judiciales incómodos debidos a su notoria corrupción. Allí acusan a Trump por su «intento de revocar 810 años de Derecho (anglosajón) establecido, y sembrar el caos», además de «utilizar el gobierno federal para su propio beneficio». Eso también está pasando en España donde, bajo la difusa denominación de «corrupción», que ya no produce efecto porque está bastardeada de tanto uso, malamente se esconde un descarado saqueo de lo público ante las narices de los contribuyentes. Sin olvidar el «abuso de poder para silenciar a los críticos» (medios, abogados y oponentes políticos de Trump). La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, tuvo un lapsus freudiano encantador asegurando que están «Centrados en combatir la ley y el orden». Ábalos proclamó, recién llegado al gobierno: «Somos el nuevo Partido Socialista dispuesto a ‘‘combatir la justicia’’ (sic)». Ergo, esto ya no va de ideología. Es algo mucho peor.