Canela fina
Sánchez gana la moción de confianza
«Los sanchistas sabían que Pedro Sánchez lidiaría la moción de confianza y dejaría en nada la maniobra de Puigdemont»
En una moción de censura, el presidente derrotado debe abandonar el poder, dar paso al elegido y retirarse discretamente. La política española vivió esa situación cuando Pedro Sánchez venció a Mariano Rajoy en una moción de censura que el líder popular pensó no podía perder porque había untado generosamente al PNV con suntuosas cantidades de dinero.
En una moción de confianza, el presidente, aun derrotado, no tiene la obligación legal de retirarse, aunque quizá sí tenga la obligación ética. El prófugo golpista Carlos Puigdemont tenía en sus manos que el Congreso de los Diputados votase mayoritariamente en contra de Pedro Sánchez y le proyectara hacia una situación límite. Haciendo juegos malabares el presidente del Gobierno ha evitado la votación a su persona en el Congreso de los Diputados. El golpista Puigdemont ha jugado hábilmente sus cartas desde Waterloo y obligó a Pedro Sánchez a aceptar sus exigencias.
Adolfo Suárez superó la moción de censura. Felipe González también. El arma de la moción, en fin, ha estado presente en la mayor parte de las legislaturas democráticas y no tuvo éxito hasta que Mariano Rajoy se confió y Pedro Sánchez le dejó con dos palmos de narices. La política árabe de no hacer nada y contemplar como pasa por delante el cadáver del enemigo tiene demasiados riesgos. Antonio Maura se negaba a la inacción y rechazaba a los colaboradores que le acosaban pidiéndole prudencia. Ciertamente, al gobernante le conviene permanecer impasible. Pero no siempre. El estudio profundo de la situación política exige en muchas ocasiones pasar a la acción. Pedro Sánchez está atrapado. Necesita que seis partidos –Sumar, Podemos, PNV, Bildu, ERC y Junts– le apoyen para continuar resquebrajando la silla curul de Moncloa. Y la preocupación zarandea al entorno del César. Son muchos los que piensan que la moción de confianza podía haber dejado a Pedro Sánchez en pernetas. Algunos no lo creemos así. Pedro Sánchez ha demostrado una insólita habilidad para evadirse de las más complicadas situaciones y de los más implacables agobios.
Y con gran habilidad y no poco dinero y otras prebendas varias ha dejado la moción de confianza en una simple finta del prófugo Carlos Puigdemont. Las espadas están en alto, cierto es. Pero quien sabe manejarlas certeramente, y negarlo sería perder la objetividad, es el César de alpargatas, el César socialista.
Luis María Anson, de la Real Academia Española