Al portador

Panfleto muy ecológico contra el horario de verano

Los científicos ya han demostrado que el cuerpo humano tiene un reloj interno que se acompasa con la luz y la oscuridad. Alterar, de forma artificial, esos ritmos es antinatural y, por eso, antiecológico

Thomas Paine (1737-1809), considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, fue un panfletista notable y, claro, provocador: «El que no se atreva a ofender no puede ser honesto», escribió. Y también: «Discutir con una persona que ha renunciado al uso de la razón es como administrar medicinas a un muerto». La próxima madrugada, a las 03:00, se perpetrará, como todas las primaveras desde hace medio siglo, la aberración de adelantar la hora. La medida es muy popular, pero no impide que sea antinatural y un disparate. Se impuso en los años setenta del siglo XX como recurso teórico para ahorrar en plena histeria de las crisis energéticas de 1970 y 1979. El paso del tiempo y una serie interminable de estudios han demostrado que la eficiencia económica del adelanto de hora es, en el mejor de los casos, ridícula. El catedrático Santiago Niño Becerra sostiene, por ejemplo, que para una familia el ahorro es de unos ¡80 céntimos! al mes.

El cambio de hora es todavía más aberrante en España, ya que el país, por decisión política de Franco en los años cuarenta del siglo pasado, vive fuera de su uso horario natural, con una hora de adelanto sobre lo que le correspondería según la –natural– luz solar. Es decir, con el horario de verano, España va dos horas por delante de lo que es –hay que repetirlo– natural. Sorprende, sin embargo, que el ecologismo militante y de salón nunca levante la voz para denunciar tamaño sinsentido. Los científicos ya han demostrado que el cuerpo humano tiene un reloj interno que se acompasa con la luz y la oscuridad. Alterar, de forma artificial, esos ritmos es antinatural y, por eso, antiecológico. Los defensores del horario de verano argumentan que hay más luz por las tardes. Ridículo. La luz es la misma y lo natural sería adaptar los horarios a la claridad y la oscuridad, no al revés. Por otra parte, el adelanto horario adoptado por Franco es lo que explica, en gran parte, que los horarios españoles sean únicos y tan diferentes a los del resto del mundo. Intentar convencer, como decía Paine, de su error a los forofos del horario de verano es tan inútil como administrar medicinas a un muerto o que Yolanda Díaz entienda las razones que justifican que el Salario Mínimo esté sujeto al IRPF. Una pista: si no lo hace, también beneficia a los salarios más altos. Habrá tiempo de explicarlo. Ahora lo que toca es insistir en la denuncia de la aberración del horario de verano y recordar a todos sus partidarios que están muy equivocados, aunque se ofendan. Y si lo hacen, ahí están los consejos del panfletista de éxito Thomas Paine.