Letras líquidas

Israel y la guerra en tres tiempos

Un enfoque múltiple y exhaustivo, sin prejuicios de ningún tipo, centraría mejor el análisis, aunque sería demasiado ingenuo pensar que impulsaría también una solución porque ¿cómo encontrarla en la guerra de guerras?

Sucede que algunos conflictos ajenos se sienten como propios. No es un fenómeno nuevo, por mucho que alardeemos ahora de hiperconexión y sobreinformación, que «simone weils» combatiendo en el Ebro siempre ha habido, pero sí es cierto que los tiempos actuales potencian las conexiones internacionales. Y si hay un asunto que se filtra en los debates políticos nacionales es el enfrentamiento entre israelíes y palestinos: en cada país al que uno se asome encontrará una intensa discusión pública sobre cualquiera de las múltiples derivadas que emanan de la crisis de Oriente Próximo. Casi siempre, además, con posiciones extremas: pocos asuntos se ven tan inmersos en la bipolaridad imperante. Y, ahora que ya se ha rebasado el aniversario de los ataques terroristas de Hamas, en plena ofensiva israelí al Líbano y pendientes de la influencia de las elecciones de Estados Unidos, no estaría de más descomponer el conflicto en sus tres dimensiones: la pasada, la presente y la futura.

De lo pretérito, poco más hay que añadir. Una tensión que hunde sus raíces más de siete décadas atrás y que combina periodos de tensa calma con otros de furia desatada. Y en uno de ellos estamos y, por más enfoques y argumentos que se busquen, el horror no es justificable: ni el de los terroristas que destaparon el infierno el 7 de octubre ni el del ejército israelí masacrando a la población civil en Gaza. Ni las imágenes, ni los testimonios de organizaciones sobre el terreno, ni las condenas de la ONU ni el choque frontal con el derecho internacional. Nada de lo visto y escuchado en estos doce meses deja espacio a la duda ni a la equidistancia (tan criticada), pero sí abren todo el espacio para la reflexión, porque a ese enfrentamiento enquistado y territorial se une el desastre actual que se extiende por la zona dibujando el peor de los escenarios y conectando con el tercer tiempo de esta guerra: la incógnita de lo que vendrá.

Si hasta ahora el foco estaba en Israel y Hamas, la confrontación adquiere toda su dimensión real con la irrupción de Irán. Se unen así los puntos invisibles del entramado que comenzó cuando Israel y Arabia Saudí iniciaban un acercamiento, justo antes de la incursión de Hamas, y se incardina en la lucha de civilizaciones que abre al mundo en canal y se prepara para redibujar un nuevo orden global. La geopolítica desestabiliza la región y condiciona el futuro de la política internacional. Un enfoque múltiple y exhaustivo, sin prejuicios de ningún tipo, centraría mejor el análisis, aunque sería demasiado ingenuo pensar que impulsaría también una solución porque ¿cómo encontrarla en la guerra de guerras?