
Al portador
Los «indepes» quizá aseguren el futuro nuclear español
Lo hacen por egoísmo, porque las centrales de Ascó y Vandellós producen el 60% de la electricidad catalana y su clausura es una amenaza
Confucio (551-479 AC) ya advirtió que «el hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro mayor». Felipe González, lo quieran escuchar o no en la Moncloa y el PSOE sanchista, también explicó que «lo grave no es meter la pata; lo importante es sacarla cuanto antes en esas ocasiones». Pedro Sánchez y sus ministros, sin embargo, parecen más partidarios de «sostenella y no enmendalla», expresión popular que, con una ligera variante, aparece por primera vez en «Las mocedades del Cid», de Guillem de Castro (1569-1631). La ahora vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, llegó en su día al Gobierno con la bandera antinuclear en ristre. En la práctica, decretó el cierre de las centrales nucleares españolas, la primera la de Almaraz (Cáceres), que debería empezar a echar el candado en 2027. Luego le seguirían las demás. Ribera siempre se negó –y puso todos los impedimentos para ello– a prolongar la vida útil de esas instalaciones, algo tan factible como conveniente. Su sucesora, Sara Aagesen parece transitar por el mismo camino de talibanismo antinuclear.
Ribera, no obstante, tiene dos varas de medir, porque le parece bien esa energía en otros países de la Unión Europea, quizá porque fue el peaje que tuvo que pagar para sentarse en su poltrona de Bruselas. España, si nadie lo remedia, está a punto de repetir el error histórico de Ángela Merkel, que, agobiada por los verdes tras el accidente de Fukushima, decidió acabar con la energía nuclear alemana y ahora el país sufre problemas de abastecimiento. Mientras tanto, hay países, con Francia a la cabeza, que redoblan sus apuestas nucleares y otros, como Bélgica, que habían abandonado esa vía, la recuperan, por no hablar, claro, del Reino Unido y los EEUU, con y sin Trump. En España se acaba de abrir un portillo para prolongar la vía de las nucleares, al menos hasta que las energías alternativas garanticen el suministro. El PP ha logrado aprobar en el Congreso una propuesta, no vinculante, contra el cierre de las nucleares gracias a la abstención de los «indepes» de Junts y ERC. Lo hacen por egoísmo, porque las centrales de Ascó y Vandellós producen el 60% de la electricidad catalana y su clausura es una amenaza. Estarán en contra de la energía nuclear en el resto de España, pero necesitan la suya. De alguna manera escriben recto con renglones torcidos porque si salvan las nucleares catalanas salvarán las demás españolas. Eso sí, todavía falta que el Gobierno corrija su error para no cometer otro mayor, según Confucio.
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