Educación

Cómo enseñar ballet con las matemáticas

Elena Jiménez dirige Eszena Danza, uno de los dos centros privados de la región que otorga títulos oficiales

Reportaje sobre Eszena Danza, escuela de baile
Elena Jiménez (derecha), guía el pasado 21 de marzo a una de sus alumnas de la escuela que dirige, Eszena Danza, en San Sebastián de los Reyes. David JarFotógrafos

Elena Jiménez (Madrid, 1984) era una chica estudiosa, pero no le gustaban mucho las matemáticas. Y entonces llegó una profesora con sus explicaciones y le hizo un «clic». Jiménez practicaba danza al mismo tiempo y, cuando se hizo más mayor, se dio cuenta de que tenían muchas cosas en común: el orden, la disciplina. «Fue todo a la vez, se influenciaron la una a la otra», cuenta por videollamada. Por eso, cuando Jiménez asumió la dirección de la escuela de danza en la que daba clases en San Sebastián de los Reyes, ahora llamada Eszena Danza, comenzó a utilizar la materia para sus cursos. «La danza me ha ayudado a visualizar la resolución de problemas matemáticos, y las matemáticas me han ayudado a entender muy bien especialmente la danza», dice Jiménez, que dirige uno de los dos centros privados en la Comunidad de Madrid que están habilitados para otorgar titulación oficial de danza.

Primeros pasos

Si se decidía por hacer carrera en el piano tenía un futuro asegurado, le dijeron a Jiménez. Lo que no le garantizaban era el mismo destino en la danza. «Me da igual, yo apuesto por la danza», cuenta que dijo Jiménez. Y desde ese momento, con 12 o 13 años, siguió y persistió con el baile. Llegó a bailar a nivel de compañías semiprofesionales de danza, donde fue solista en dos, aunque las describe como de «segunda» y aclara que no llegó a bailar en una compañía nacional de danza.

Jiménez comenzó a cursar el grado en Ingeniería de Telecomunicaciones, pero no le gustó: se había metido para no «desaprovechar» y porque le quitaba horas de danza. Al año lo dejó para estudiar el de Matemáticas. Después de terminarla, hizo el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica) con la intención de dedicarse a la enseñanza.

En 2009, cuando Jiménez ya estaba dando algunas clases de danza en una escuela de San Sebastián de los Reyes, llegó la crisis provocada por la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers. «Me iba a preparar la oposición de Matemáticas y vino la crisis financiera», cuenta Jiménez. «Y nos reunieron para decirnos que la escuela iba a cerrar». Y con ello se abrió un nuevo camino. «Uno de mis sueños era montar una escuela de danza. Se lo propuse al que era entonces mi novio, que ahora es mi marido. Mira la oportunidad que hay, le dije. Empezamos a hacer números y la verdad es que no cuadraban», dice entre risas Jiménez. «Esto es una decisión que no se puede tomar por números sino que se debe tomar con el corazón. ¿Quieres intentarlo?», le preguntó su marido. Y esa vez el corazón le gano a las matemáticas.

Los dos primeros años fueron muy «duros» por las complicaciones en las que nació la empresa, sumado a la falta de experiencia de ambos (su marido es el director ejecutivo; ella, la directora artística). El primer año tenían alrededor de unos 55 alumnos. Este año son 383. Son 11 profesores, ella incluida y, además, Jorge, su marido, el único con formación empresarial. Por otro lado, cuentan con dos locales ahora, aunque están buscando un tercero, todos en el municipio de San Sebastián de los Reyes.

Las matemáticas en la danza

«Cuando vi tu primer festival», le dijo la madre de una alumna a Jiménez, «pensé: esto solo lo puede haber creado una matemática». «Yo soy super geométrica. Entonces tienes que tener mucha visión espacial para comprender mis coreografías», dice Jiménez mientras enseña unos dibujos de estas que se las pasas directamente a los alumnos.

«Yo les voy diciendo: estos son dos pirámides. Utilizamos el numero primo para hacer los dos rombos… a través de la geometría, poco a poco lo van viendo», explica la profesora.

Por ejemplo, ella se fija mucho en que los alumnos no suelen entender con frecuencia la geometría y les cuesta colocarse en el espacio. «Les digo: ángulo recto, esto lo habéis estudiado en matemáticas, y entonces dicen: anda, esto es como las mates, y lo traducen al cuerpo». Aunque aclara: «Nunca digo que mis clases de ballet valen como matemáticas, pero sí que las reciben a través de ellas. Las que se utilizan son muy básicas».

Profesional y de adultos

En la temporada 2023-2024 consiguieron lo que era uno de los principales objetivos de Jiménez: ser Centro Autorizado Profesional de Danza. Para ella, la diferencia entre ballet profesional y ballet adulto no está en la técnica, sino en el objetivo.

«El ballet no tiene edad», afirma. «Me vienen personas diciendo: “No soy flexible, soy un pato, estoy gorda”. Y yo les digo: “De verdad de mi vida, no pasa nada”. Seas como seas, puedes bailar».

La formación profesional, explica, implica entre 18 y 25 horas semanales. «Es una preparación exigente, con el objetivo de formar bailarines profesionales», apunta. «Pero no todo el mundo quiere ni puede dedicarle esa intensidad». Por eso, su escuela tiene una de las líneas de ballet para adultos más completas de Madrid, sumando hasta cinco niveles.

A partir de los 12 o 13 años, la diferencia entre una línea y otra se evalúa según las condiciones físicas y el interés. «Hay niñas como Claudia Ávalos, que empezó a los 13 en un campus de verano y tenía unas condiciones increíbles», recuerda.

Ávalos fue seleccionada para la escuela «The Royal Ballet School» de Londres. «Pero normalmente, si el cuerpo ya está formado y no ha sido educado desde antes, es difícil entrar en el circuito profesional».

Lo de «ballet adulto», por otro lado, es solo una etiqueta para distinguirlo del ballet profesional. «Porque bailar, puede bailar cualquiera. Solo hay que adaptar la clase al cuerpo y al ritmo de cada uno», concluye.

Un estudio para indagar en esa conexión

►Elena Jiménez estudió Pedagogía de Danza Clásica en el Conservatorio Superior. Durante esos seis años –eran cuatro pero trabajaba a la vez–, se dio cuenta de la relación entre matemáticas y danza, una conexión que, aunque intuitiva, no había formalizado. Entonces, decidió hacer su trabajo de fin de estudios sobre esta conexión. «Lo enfoqué en dos vías. Por un lado, estudié cómo, a lo largo de la historia, ha habido coreógrafos que utilizan muchísimo las matemáticas, y también cómo los estudiosos del movimiento recurren a partes muy complejas de esta disciplina, como la topología. La topología es una rama muy compleja de las matemáticas y, sin embargo, se utiliza para estudiar la danza y el movimiento. Y luego está la otra parte del trabajo, que es muy, muy interesante: cómo enseñar matemáticas a través de la danza. Y esa fue la que he probado en niños de Primaria, en niños de Secundaria... Obviamente no se puede estudiar todo a través de la danza, pero sí que hay conceptos matemáticos útiles».