Relación transatlántica

Los Veintisiete se juegan su mayoría de edad geopolítica en su relación con Trump

Bruselas teme una guerra comercial y la retirada de Estados Unidos de la OTAN

December 4, 2024, Brussels, Bxl, Belgium: Ursula Von der Leyen , the president of the European Commission prior to the for the first meeting of the college of the European Commission at the European Commission headquarters in Brussels, Belgium on 04/12/2024 by Wiktor DabkowskiEuropa Press/Contacto/Wiktor Dabkowski04/12/2024 ONLY FOR USE IN SPAIN
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der LeyenCONTACTO vía Europa PressEuropa Press

La Unión Europea se enfrenta al segundo mandato de Donald Trump con una mezcla de resignación, vértigo y algo de esperanza. Los más optimistas creen que la vuelta del magnate a la Casa Blanca es el catalizador que la UE necesita para alcanzar la mayoría de edad en política internacional y convertirse en una potencia geoestratégica de primer orden que mire de tú a tú a Washington y Pekín en el incierto siglo XXI. Los más pesimistas creen, sin embargo, que la unidad de los socios en sus relaciones con Estados Unidos se verá comprometida y esto dejará sumido al club comunitario en la irrelevancia internacional.

El huracán Trump ya ha comenzado a hacerse sentir. Tras los comicios del pasado cinco de noviembre, las mayores preocupaciones de los europeos eran una posible subida arancelaria a las importaciones europeas y la posibilidad de que EEUU acabe abandonando a los a su suerte si no incrementan su gasto en Defensa (Trump quiere que llegue al 5% del PIB cuando ahora mismo tan solo dos tercios de los socios de la OTAN llegan o superan el umbral del 2%). Esto último podría ir unido a la retirada del apoyo a Ucrania que obligaría a Kyiv a aceptar una humillante derrota en el campo de batalla y la desmembración del país. El propio Volodimir Zelenski quiere mantener a toda costa la ayuda de EE UU en la guerra. Tal y como manifestó claramente en la última cumbre europea celebrada en 2024, a la que asistió como invitado, Ucrania no confía en que los Veintisiete puedan seguir proveyendo armas en solitario ni tampoco cree suficientes unas posibles garantías de paz europeas sin el apoyo de la OTAN.

A estas viejas preocupaciones se han unido algunas nuevas durante estas semanas. Las palabras de Trump sobre Groenlandia en las que no descarta una posible coerción económica o incluso acciones militares y el activismo político de Elon Musk- dueño de X- apoyando a políticos euroescépticos europeos han causado sorpresa en la capital comunitaria. El mensaje político de la Comisión Europea ha sido prudente. No se sabe si por convicción o por ausencia de un timón político claro, teniendo en cuenta que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha estado convaleciente por una neumonía y el liderazgo del canciller alemán Olaf Scholz y el presidente francés Emmanuel Macron se encuentra en entredicho.

En los pasillos comunitarios se define a Trump como un líder transaccional que concibe la escena internacional más como un hombre de negocios que busca beneficios a corto plazo que como un político tradicional que pretende preservar el orden multilateral . De ahí de que muchos apuesten por comprar armas a Washington ( lo que supondría renunciar a impulsar la industria armamentística europea) y gas licuado (lo que también lastraría la independencia energética) a cambio de apaciguar al inquilino del Despacho Oval. Pero aquí también surgen dudas sobre cuánto tiempo se puede mantener esta estrategia que puede también acabar dividiendo a los socios europeos, según sus intereses económicos con Washington.