
Armamento
LA RAZÓN, en el interior del submarino S-81, la "joya de la corona" de la Armada española
Una vez concluida con éxito la fase de evaluación, el "Isaac Peral" ya está listo para sus nuevos retos: ejercicios, un desfile y su primera misión
«Ad utrumque paratus» o «Listos para todo». Este es el lema del arma submarina de la Armada y también la situación en la que se encuentra actualmente el submarino S-81 «Isaac Peral», que tras más de un año de pruebas y evaluaciones después de ser entregado en noviembre de 2023, ya está preparado «para todo». Incluso para desplegarse en una misión si hiciera falta, porque «todo ha salido al pelo», destaca orgulloso el capitán de fragata Ricardo Poblaciones, jefe de Estado Mayor de la Flotilla de Submarinos.
Y en breve lo hará, porque en los próximos meses, mientras acaba de completar las certificaciones y calificaciones pendientes, tiene ya agendado su primer ejercicio con otras unidades, su primer lanzamiento de un torpedo real (hasta ahora han lanzado siete de ejercicio), su primera participación en una revista naval con motivo del Día de las Fuerzas Armadas en Canarias y hasta su primera misión.
Así lo confirman en el Arsenal de Cartagena (Murcia), donde tiene su base el que es uno de los sumergibles más modernos del mundo y que ofrece a España una capacidad clave que ha estado a punto de perder por los retrasos, pues hasta ahora únicamente sobrevivía con el S-71 «Galerna», con más de 40 años de servicio y al que hubo que estirar la vida útil.
En el interior del "tubo"
LA RAZÓN ha visitado su «hogar», sus simuladores y ha accedido al interior de este «tubo» –como lo llaman– de 81 metros de eslora en el que conviven 43 personas, al frente de las cuales está el capitán de corbeta Manuel Corral Iranzo. Un estrecho espacio aprovechado al máximo y en el que hay, por ejemplo, 80 kilómetros de cable, más de 10.000 tuberías,180 sistemas diferentes... y únicamente dos duchas y tres retretes.
Pero ser uno de esos 43 «elegidos» (la dotación total es de 53 efectivos, entre ellos siete mujeres) no es fácil y no vale cualquiera para sumergirse en lo que denominan «una plataforma muy hostil en la que no hay segundas oportunidades», tal y como apunta el teniente de navío Francisco Javier Barrio, uno de los profesores de la Escuela de Submarinos.
Hostil, sí, pero también necesaria y estratégica, porque «es el arma de ataque que todos quieren tener y pocos tienen», enfatiza el capitán de navío Pedro Márquez de la Calleja, comandante de la Flotilla de Submarinos, quien hace hincapié en que cada vez hay más países interesados en potenciar o adquirir esta capacidad. «Tener un submarino en el mar impide que otro país controle las aguas en las que está», destaca.
"Un salto enorme"
Sobre todo si se trata de un submarino como el S-81, que supone un «salto enorme» en capacidades y tecnología respecto a los de la clase «Galerna», los S-70. Y es que este sumergible construido por Navantia es, pese a los problemas y retrasos, un arma clave que proporciona una disuasión nunca antes vista.
Está diseñado para guerra antisubmarina y antisuperficie, inteligencia encubierta, alerta y vigilancia, protección de unidades, minado ofensivo y defensivo, operaciones especiales y evacuación de personal civil o proyección del poder naval sobre tierra, entre muchas otras misiones. Y todo, con una discreción nunca antes vista, que será incluso más cuando llegue su Sistema de Propulsión AIP, que le permitirá cargar baterías en inmersión, reduciendo su indiscreción y vulnerabilidad al poder pasar más tiempo sumergido. Una tecnología única en el mundo que se integrará desde el S-83 «Cosme García» y se añadirá al S-81 y al S-82 «Narciso Monturiol» en su primera gran carena.
Eso sí, ningún miembro del arma submarina confirma cuánto tiempo como máximo podrá estar bajo el agua sin salir, aunque durante las pruebas han alcanzado los 30 días. Por ello, en su mente hay un sueño, o un reto: «Que el S-81 sea el primer submarino que cruce el Atlántico bajo el agua».
Pero hasta ese momento, continúan las pruebas y los entrenamientos, tanto a bordo como en los modernos simuladores. Porque aunque la fase de evaluación ha sido completada con éxito, han de exprimirlo antes de que finalice el periodo de garantía. Todo, con una máxima que la dotación lleva interiorizada: «El yo, me, mi, conmigo no vale aquí. La vida de uno depende de los demás. La clave es la humildad», explica tajante el capitán de navío Márquez de la Calleja.
Porque todos y cada uno de los marinos que se introducen en el «tubo» tienen que estar no solo perfectamente preparados, también coordinados para, ante cualquier problema, ser capaces de actuar en segundos. Además de hacerlo en un espacio mínimo en el que, pese a contar con la última tecnología, también hay espacio para instrumentos clásicos «que no fallan», como un tubo acústico que comunica la vela con la sala de mando y control o un inclinómetro.
Y junto a ellos, la pericia de los efectivos, porque «bajo el agua no ves, solo oyes» (gracias a los sónares), tal y como explica el teniente de navío Barrio. Así que para aprender a ver con los oídos cuentan también con un elemento clave: un aula de escucha para hidrofonistas, con la que son capaces de distinguir, por ejemplo, una fragata de un pesquero. Es su GPS particular, porque para cualquier maniobra tienen que saber qué tienen cerca, como para ascender a la superficie, algo que preparan concienzudamente durante unos 20 minutos.
Seis tubos lanzatorpedos "bautizados"
Pero también para atacar a un posible enemigo, para lo que tienen que acotar la distancia a la que está esa amenaza para alcanzarla con el torpedo. En total, llevan seis tubos lanzatorpedos debajo del primero de los cinco módulos en los que se divide el submarino, justo en la proa. Y cada uno de ellos está bautizado con los nombres del personal de armas de la dotación de quilla (la primera según se entregó a la Armada): Rubén, Paula, Jorge, Gero, Pablo y Javi.
Es, en resumen, un barco más inteligente y más automatizado, por eso hay menos dotación que en los S-70. Pero, como insisten en la Flotilla, «en una situación de emergencia, la decisión y los mandos los toma el personal, por eso es tan importante la formación y el trabajo en los simuladores».
«Formación», repiten sin cesar para dejar más que claro que solo bajan los mejores. Es por ello que ahora se centran en seguir formando al personal. Navantia fue la encargada de entrenar a la dotación del S-81 y ahora es la Armada la que hace lo propio con la del S-82. De momento, siguen entrenando en los antiguos simuladores los tripulantes de los S-70, pero a partir del próximo año en esa Escuela de Submarinos solo se utilizarán los nuevos, pues cuando lleguen las siguientes unidades el «Galerna» ya se habrá dado de baja (mediados de 2027). El último calendario marca que el S-82 llegará en 2026; el S-83, en 2028, y el S-84, en 2030.
Eso es el futuro y ahora solo miran a ese presente que se llama S-81. «Este es el prototipo de lo que viene y es un momento muy ilusionante, pero también crítico, porque todo tiene que salir bien». Más que bien, porque, como destaca el jefe de la Flotilla: «Tiene que durar 40 años».
El calendario que le espera
►En marzo participará en su primer ejercicio con buques de la Armada para preparar su calificación operativa.
►A finales de mayo viajará a Canarias, en inmersión, para participar en la revista naval del Día de las Fuerzas Armadas, su presentación en sociedad. La travesía durará alrededor de una semana.
►Tras el desfile se sumará a unas maniobras en aguas canarias, donde disparará su primer torpedo real.
►En el segundo trimestre de este año está previsto que el «Isaac Peral» alcance su calificación operativa.
►Su primera misión será la integración en el Grupo de Combate «Dédalo». La Armada aún baraja si lo hará en la segunda fase (junio-julio) o en la tercera y última (septiembre-octubre).
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