
Coleccionismo
El billete de cien pesetas del siglo XIX que se vende por 12.000 euros: un tesoro entre los coleccionistas
Esta reliquia perteneciente al año 1875 es considerada una joya entre los coleccionistas y su valor se ha incrementado notablemente durante los últimos tiempos

Monedas, manuscritos, sellos y billetes. Estos son algunos de los principales intereses de aquellos que dedican su vida al coleccionismo, ya sea por mera afición o por sacar cierto rédito económico de su compraventa. Y es que esta práctica, por muy nueva que parezca, cuenta con un origen algo incierto pero, sin duda, ancestral. Hay quienes consideran que en la antigua Grecia se halla el epicentro de este acto con una índole artística, entre los siglos IV y I a. C. No obstante, en lo que se refiere al coleccionismo de objetos, que tal vez sea el más cercano al que hoy nos concierne, hay que remontarse cinco milenios antes de Cristo.
Es por eso que no debemos infravalorar nunca la importancia de un ejercicio tan antiguo y con tanto significado como este. De esta suerte, y como consecuencia de su evolución a lo largo de los años, el coleccionismo se ha dividido en ciertas ramas que se predisponen en función de los objetos que son recolectados por su valía histórica trascendental. En este contexto surge la numismática para referirse a la colectánea de monedas y billetes, y como nexo entre culturas y sistemas monetarios instaurados en cada uno de sus territorios.
Hoy en día es habitual encontrar todo tipo de anuncios colgados reclamando esta serie de fragmentos económicos que son un fiel reflejo de la época a la que pertenecieron. Por norma general, hay que identificar tres variantes que hacen que se incremente el precio de venta de estos: la antigüedad, teniendo en cuenta su contexto tanto social como histórico, su distribución, cuanto más exclusivo más prestigioso, y lo errores de fabricación, que pueden afectar a que se distinga del resto de billetes de su camada otorgándole un atractivo singular.
El billete de cien pesetas que se vende por 12.000 euros
El billete que hoy nos ocupa es reconocido por su extrema rareza y, con motivo de ello, se entrega encapsulado. Es un billete de 100 pesetas del año 1875, que formó parte de la colección del Marqués de Ensenada, y que estuvo en circulación durante muchos años hasta ser retirado de forma oficial en 1902. Entrando en sus características compositivas destacan grabados con figuras femeninas en el anverso, alegorías de la ciencia y la industria respectivamente, Asimismo, siguiendo la técnica de los grabados ingleses, están hechos a buril con fondo al aguafuerte. En lo que respecta a su valor aunque su precio de entrada es de 8.000 euros se estima que puede alcanzar los 12.000.
Sin embargo, la razón detrás de su popularidad reside en las circunstancias impuestas por el Decreto Ley de 19 de marzo de 1874 que no permitía a la fábrica instalada en el edificio del Banco de España atender a las necesidades de circulación fiduciarias. Es por eso que se acordó el 7 de septiembre de 1874, encargar a Londres una nueva emisión destinada a domiciliarse en sucursales. De hecho, este es el motivo por el que el reverso del billete tiene un inmenso espacio en blanco en el centro donde habría que estamparse el nombre de cada una. Pero, por el contrario, en 1882, fueron autorizados a circular en toda España sin el sello de domiciliación,.

Otro billete lleno de riqueza y una moneda por 50.000 euros
Esta curiosa moneda de un céntimo que se ha tasado en una fortuna de valor se trata de una moneda diseñada en Alemania en 2002 por el arquitecto Rolf Lederbogen. La característica que la diferencia y ha conseguido que su valor haya llegado hasta los 50.000 euros, es que, en el reverso de esta moneda, se puede ver una hoja de roble acompañada por dos bellotas, y alrededor, las estrellas de la bandera de la Unión Europea. También destaca su color, que al ser fabricada con otro tipo de material, se tiñe de una intensidad atípica al resto de monedas de esta cifra.

Este billete cuenta en una de sus caras tiene la imagen del compositor Manuel de Falla y en la otra, en el reverso, los jardines del Generalife. Actualmente se han llegado a pagar hasta 1.500 euros porque en la contraparte aparecen fallos de imprenta que lo han puesto en el punto de mira de todos los coleccionistas.

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