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Mike Leigh: "Lo que más me cabrea son los paraguas y la figura de Trump"

El legendario cineasta de 82 años canaliza la rabia y la tristeza del mundo en la destacable "Mi única familia"
Mike Leigh: "Lo que más me cabrea son los paraguas y la figura de Trump"
El director británico Mike LeighMyrna Suarez
Marta Moleón
  • Periodista. Amante de muchas cosas. Experta oficial de ninguna. Admiradora tardía de Kiarostami y Rohmer. Hablo alto, llego tarde y escribo en La Razón

Madrid Creada:

Última actualización:

Mike Leigh no está tan enfadado como la protagonista de su última película, pero los motivos contagiados de un mundo política y socialmente en descomposición como el actual podrían darle herramientas suficientes para estarlo. Al otro lado de la pantalla, este veterano y celebrado cineasta británico comprometido desde hace años como director con la dignidad en el retrato de las clases trabajadoras recibe a LA RAZÓN con la lúdica mirada del niño que acaba de cometer una travesura y la coherencia ideológico en el discurso de alguien a quien ya no le engañan. "Mi única familia", áspero, duro, complejo y profundamente humano retrato del dolor físico y mental de una mujer negra de clase media baja confrontada de manera permanente con la vida y sus atributos pero también con su familia, opera con la misma intensidad de un puñetazo en la cara hasta que poco a poco, el dolor va bajando y extendiéndose a otras partes del cuerpo hasta que entendemos el golpe.
¿Cuándo fue la última vez que se enfadó por algo?
(Sonríe). Hace muchísimo tiempo cuando estaba saliendo de la escuela de interpretación alguien me tiró un enchufe al ojo y estuve seis semanas en el hospital con el ojo hecho polvo. Nada más salir de allí recuperado, estaba andando por Londres porque programaban una serie de conciertos de música clásica a los que quería asistir y de repente, alguien con un paraguas me da en el mismo ojo. Hay dos cosas que realmente me enfadan: los paraguas y la figura de Trump. Eso es lo que más me cabrea en este momento.
Durante los seis años que ha estado sin estrenar película han pasado muchas cosas en términos sociopolíticos, ha aumentado exponencialmente el sentimiento de rabia, de frustración y de ira por parte de la gente. ¿Voluntaria o involuntariamente has integrado como director este sentir generalizado en la configuración de la historia?
Está claro que el desencanto se ha disparado en los últimos años y que lo ha hecho por razones muy obvias y también es verdad que la pandemia por ejemplo también ha contribuido a acrecentar este tipo de sentimientos. Pero honestamente te diría que no he querido integrar esto en la película. Aquí quería centrarme en los problemas psicológicos, dolorosos, familiares, relacionados con el comportamiento y eso es algo que se hubiera podido hacer diez o treinta años, porque son universales.
Como exponente del llamado cine social y debido a la empatía humana demostrada con sus personajes, no siempre amables, no del todo simpáticos, ¿qué sentido tiene para usted seguir apostando hoy en día por este género que mira a la clase obrera sin condescendencia?
Quiero pensar que ahora mismo todo el del mundo. Quiero pensar que el cine social consigue cosas. Pero antes de responder a tu pregunta quiero decir algo a partir de tres guiones incontestables: A) Hago cine político. B) Implícitamente todo lo que yo hago a través de ese tipo de cine es para intentar cambiar las cosas. C) No hago un cine polarizado, quiero comunicar un mensaje, no hacer propaganda. Me interesa mostrar los problemas de la gente, conseguir que se entiendan. Tu pregunta también contiene en el fondo otro punto interesante que me cuestiono contigo en voz alta, ¿quién controla el cine? Las plataformas, la gente con dinero. ¿Somos los cineastas tan libres como pueden serlo otros artistas que no necesitan dinero para crear? Si este tipo de películas de corte social son cada vez más escasas, estamos en mi opinión ante una mala noticia, pero también hay que pensar que el cine no es solo Hollywood y por suerte yo no soy el único que hace estas películas. Eso indica que no está todo perdido.