
Cultura
El pequeño y bello pueblo que esconde uno de los castillos defensivos más imponentes de España
El Cid fue el primer alcalde de esta fortaleza que ostenta el título de Conjunto Histórico Artístico

Las fortalezas se han convertido en uno de los principales referentes turísticos de España. La historia, leyendas y riquezas que esconden sus paredes hace que sean cada vez más los visitantes que quieren conocerlas más a fondo. Son muchos los castillos que salpican el paisaje nacional, y muchos los territorios que "presumen" de estos momentos. En esta ocasión vamos a hablar de una de las fortalezas defensivas más imponentes de España, que se encuentra en un pequeño, pero precioso, pueblo, que en su momento fue uno de los más famosos de nuestro país, por su situación geográfica, y porque fue escenario de múltiples batallas y reconquistas.
Los ocho siglos que duró la Reconquista (711-1492) llevada a cabo por los reinos cristianos del norte para recuperar las tierras sometidas por los musulmanes mantuvieron la península ibérica en frecuente estado de guerra. Si se añaden a ello las tensiones internas entre la nobleza y la monarquía, frecuentes durante la Baja Edad Media y el Renacimiento, que derivan a veces en auténtica guerra civil, se comprende fácilmente el importante papel que jugaron los castillos y el por qué de su abundancia en España con más de 10.000 fortificaciones.
Estas imponentes fortalezas fueron construidas para proteger a sus habitantes y sirvieron como símbolos de poder y autoridad. Auténticos centros de poder y control en las regiones donde estaban ubicadas, estas fortalezas inexpugnables sólo podían ser alcanzadas, o al menos amenazadas, si eran asediadas.
Con el tiempo, los castillos se convirtieron en símbolos de poder militar y político, utilizados por los señores feudales para controlar territorios y mantener el control sobre la población. Los castillos se construyeron con piedras, madera y arcilla. La arquitectura se basó en una serie de torres conectadas por muros, con un patio interior rodeado de edificios de servicios. Eran la sede del poder político local y albergaban a la nobleza y sus sirvientes. Los señores feudales utilizaban los castillos para controlar el comercio, recaudar impuestos y mantener el orden público.
Berlanga de Duero
Pues uno de los ejemplos más claros de castillo defensivo que se encuentra en España, y se mantiene en muy buen estado de conservación, es el de la localidad soriana de Berlanga de Duero. Se trata de un complejo edificio formado por dos recintos fortificados de diferentes etapas históricas y constructivas, uno de época medieval y el otro de época renacentista.
Bordeada por el río Escalote y abrazada por el Duero, se corona por la imponente silueta del castillo que la vigila desde el Coborrón. El conjunto monumental está formado por los restos de la fortaleza tardomedieval (siglo XV), la fortaleza artillera de época renacentista (siglo XVI), la muralla que ciñe el cerro en su base (siglo XII) y el Palacio de los Duques de Frías (siglo XVI).
El origen del castillo medieval de Berlanga no está claro, pero las últimas excavaciones arqueológicas lo sitúan en torno a los siglos X-XI como una fortaleza islámica de la que apenas quedan restos visibles y que jugó un importante papel en la frontera con los reinos cristianos.
En 1059 Fernando I de Castilla, en una rápida campaña militar en el Alto Duero, consiguió tomar Berlanga, lo que propició que se llevaran a cabo las primeras obras para la reparación y reforma del castillo. Se asegura que el Cid Campeador fue su primer alcalde.
En 1370 Berlanga, que hasta el momento había sido una villa de realengo, pasó a manos de la familia Tovar. Juan Fernández de Tovar, primer señor de Berlanga de este linaje y Almirante de Castilla fue quien llevó a cabo nuevas modificaciones en el castillo, aunque no se sabe con exactitud qué partes fueron intervenidas.
Avanzado el siglo XV Luis de Tovar, junto con su esposa Isabel de Guzmán, promovieron las últimas grandes reformas en el castillo medieval, con una fortificación de estilo renacentista. En el año 1512 se proyectó y comenzó a ejecutar el nuevo castillo, configurado como una fortaleza artillera, con fines militares. Esta nueva fortaleza se adaptó tanto a la topografía abrupta del terreno como a la construcción anterior (el castillo medieval señorial).
Durante todo el siglo XVI y XVII la fortaleza fue perdiendo sus funciones militares y asumiendo otras como las de prisión, archivo o arsenal. Desde finales del siglo XVII comenzó su declive por los continuos saqueos sufridos por las gentes de la villa y por el desmantelamiento de sus estructuras llevado a cabo por el propio Marqués de Berlanga.
Este declive fue agravado tras el incendio que se produjo en el castillo el 20 de abril de 1660 provocado por una de las salvas que se lanzaron con motivo de la visita del rey Felipe IV. A finales del siglo XVIII el edificio solo conservaba sus muros.
A comienzos del siglo XXI el Ayuntamiento de Berlanga de Duero adquirió todo el conjunto monumental del castillo, murallas, palacio y jardines, iniciándose así la consolidación, restauración y puesta en valor de este magnífico monumento.
El castillo señorial (siglo XV) presenta planta rectangular, en la que destaca el cubo de planta circular, en el ángulo sur, y la torre del homenaje en el lado opuesto. En el interior, dos patios articulan el espacio: uno, a la entrada, más sencillo, funcionó como patio de armas; y el otro, se planteó como patio palacial porticado, con columnas góticas, tiene en el centro un aljibe con una conducción que lleva al depósito de agua.
A partir del castillo señorial medieval, en el siglo XVI se construyó la fortaleza artillera. Tiene planta rectangular con potentes cubos en cada ángulo, orientados a los puntos cardinales, los dos delanteros albergan sendas casamatas para instalar la artillería de la fortaleza. Los muros, levantados con piedra de sillería de calidad, tienen cinco metros de espesor y se rematan con un parapeto inclinado para desviar los impactos de artillería. El castillo cuenta con la distinción de Conjunto Histórico Artístico
Otras “joyas” monumentales de Berlanga de Duero
Pero Berlanga de Duero no es solo su castillo. La localidad soriana, nexo de culturas, cuenta con un impresionante patrimonio monumental, con numerosos edificios entre los que destacan:
Murallas y Puerta de Aguilera
Rodeando el cerro del castillo se encuentra una impresionante muralla, fechada entre los siglos XI y XII, momento en que Berlanga fue creciendo por la llegada de nuevos pobladores y se erigió como cabeza de una Comunidad de Villa y Tierra. Berlanga se convirtió en el lugar de mayor relevancia del entorno y fue dotado de elementos defensivos como esta muralla, denominada la Cerca Vieja, realizada en piedra de mampostería y reforzada con cubos o torrecillas semielípticas.
Dentro de esta cerca se encontraba el primitivo asentamiento medieval o villa vieja, que con el paso de los siglos se fue desocupando poco a poco hasta que solo quedaron unos pocos habitantes a mediados del siglo XV, ya que la población se fue estableciendo en la llanura a los pies del cerro.
Una segunda muralla, la Cerca Nueva, de mayor extensión y de la que apenas quedan restos, se encargó de rodear la zona habitada extramuros a la que se había ido desplazando la población. El acceso a la villa fue regulado por cuatro puertas —la puerta de Aguilera, de la Hoz, de San Gil y de San Pedro— además de un postigo. Los escasos restos conservados confirman que fue realizada con un tapial de tierra enfoscada con un grueso enlucido en cal y asentada sobre un zócalo de piedra de mampostería.
De las puertas de las murallas solo se conserva la de Aguilera, llamada así por ser el camino que llevaba a esta localidad cercana a Berlanga. Está realizada en piedra de sillería y presenta dos partes bien diferenciadas, la inferior con un arco ojival está fechada en el siglo XIV, y la parte superior, reformada en el siglo XVI, que está almenada y presenta un escudo picado, enmarcado por unas pilastras que sostienen una concha que, según algunas versiones, relacionarían a la villa con el Camino de Santiago.
Palacio
En la Plaza del Mercado, a los pies del cerro del castillo, podemos contemplar la fachada del palacio renacentista de los señores de Berlanga. Único vestigio que queda en pie, ya que fue incendiado durante la Guerra de Independencia por las tropas napoleónicas, de lo que seguramente fue un majestuoso edificio.
Juan de Tovar, señor de Berlanga desde 1528, fue el promotor de las obras de este palacio. Sus padres María e Íñigo ya habían comenzado la construcción de un palacio junto a la colegiata, pero esta obra quedó inconclusa tras su muerte y Juan decidió construir el edificio palaciego en un lugar más destacado y espacioso desde el que se pudiera contemplar su esplendor.
El palacio conserva una monumental y sobria fachada, sin apenas elementos decorativos, realizada en piedra de sillería y distribuida en tres plantas, con un último piso formado por una galería alta. Esta distribución era muy característica de la arquitectura palaciega y de las villas ducales del siglo XVI. Sobre el arco adintelado de la portada principal encontramos un panel con el escudo de armas de los Tovar y de los Enríquez, correspondiente a Juan de Tovar y su mujer Juana Enríquez, junto con la leyenda “SAPIENTIA AEDIFICABITUR DOMUS, ET PRUDENTIA ROBORABITUR”, respondiendo al característico programa de exaltación del linaje promotor de la obra.
Gracias a diferentes estudios se sabe que contaba con un gran pretil delante de la fachada desde donde se accedía por la puerta principal a un amplio zaguán, antesala de un patio central de columnas. Este patio, eje desde donde se distribuía todo el palacio, contaba con dos alturas con una galería inferior tenía columnas de piedra con arcos de medio punto y una superior zapatas y dinteles de piedra.
El acceso al piso principal por el patio se hacía a través de una escalera monumental situada en un lateral del mismo. El piso principal albergaba las estancias más destacadas del palacio, como los salones o dormitorios. Desde este piso se podía acceder a los magníficos jardines situados a levante del palacio, distribuidos en cinco alturas, adornados con fuentes y estatuas y regados por una ingeniosa noria. Se puede acceder a la única torre del palacio que queda en pie, donde actualmente se encuentra la oficina de turismo y una exposición sobre la historia del palacio y de la villa.
Colegiata
En la plaza de San Andrés, en pleno centro de la villa, se alza la Colegiata, un grandioso edificio que contrasta por su altura y monumentalidad respecto al resto de la población. La obra de la Colegiata fue dirigida por uno de los arquitectos más importantes de la época, Juan de Rasines, y se comenzó a construir en la primera mitad del siglo XVI bajo el patrocinio de los señores de Berlanga: María de Tovar e Íñigo Fernández de Velasco. Sin embargo, un siglo después todavía no se había culminado, por lo que finalmente quedó inconclusa, ya que no se construyeron ni el claustro ni una de las torres.
Los motivos de la construcción de este edificio respondían a una clara intención propagandística y de exaltación del linaje promotor de las obras —buen ejemplo de esta intención lo encontramos sobre la puerta de entrada a la Colegiata, donde se encuentra el escudo de armas de los Tovar y de los Velasco—, estrechamente vinculado al cambio de mentalidad y de modos de vida que la nobleza estaba experimentando a comienzos de la Edad Moderna.
Tras el derribo de las diez iglesias románicas que había en la villa, los señores de Berlanga dieron comienzo a la construcción de la colegiata en 1526, una obra que formaba parte de un proyecto arquitectónico más amplio que incluía la construcción de otros edificios (el palacio y la fortaleza artillera) y que tenía como finalidad la transformación urbana de la villa de Berlanga en una auténtica villa renacentista y de representación ducal, según informa la web del Ayuntamiento.
Se trata de una iglesia de tres naves de altura similar, con una cabecera centralizada y tres tramos de capillas más bajas entre contrafuertes. En general, las formas son sobrias, de traza renacentista, sin embargo las bóvedas de crucería corresponden al gótico, con un diseño de cuatrifolios. Por tanto, se podría enmarcar en un momento de transición del estilo tardogótico al renacentista.
Lo primero que se ve nada más entrar en el edificio, colgado de la pared, es el espectacular caimán negro que Fray Tomás trajo de las Islas Galápagos en su regreso a Berlanga, conocido popularmente en la villa como “el lagarto”. Este animal, tan exótico y raro en tierras castellanas, debió impresionar profundamente a los berlangueses, por eso, cuando murió, decidieron disecarlo y colgarlo de una de las paredes de la colegiata, como prueba irrefutable de la existencia de un animal tan peculiar.
Además, cubriendo todo el espacio del ábside de la Capilla mayor, se encuentra el monumental retablo barroco de estilo churrigueresco realizado en 1714. Elaborado en madera desnuda sin ningún cubrimiento y compuesto por cuatro columnas salomónicas de gran tamaño (cada una labrada en un solo tronco), con una decoración vegetal de racimos de uvas. Entre las columnas se encuentran dos grandes estatuas, San Andrés Apóstol y San Bernardino de Sena, y en el centro del retablo un gran cuadro de “La Asunción de La Virgen”, obra de Antonio Palomino. En el centro del altar del Presbiterio se encuentra un baldaquino dorado barroco, con la talla románico-gótica de la Virgen del Mercado, patrona de Berlanga, realizada en madera policromada.
Situada a la izquierda de la Capilla Mayor, consta de un sepulcro doble y un gran retablo gótico. La capilla fue fundada en 1516 y aquí se encuentra enterrado Juan Ortega Bravo de Laguna, obispo de Ciudad Rodrigo, Covadonga y Coria, junto a su hermano gemelo, Gonzalo Bravo de Laguna, alcalde de Atienza.
El sepulcro, fechado en la primera mitad del siglo XVI y de estilo gótico tardío, se encuentra situado en el centro de la capilla y está rodeado por una verja de hierro. Realizado en alabastro, tiene forma rectangular y está decorado con las figuras yacentes de sus moradores y una serie de escudos y laudas en la parte inferior.
Picota
La picota de Berlanga de Duero, conocida también como rollo jurisdiccional, es un destacado ejemplo de la arquitectura gótica civil que refleja el poder y la autonomía de la villa en épocas pasadas. Este monumento, construido probablemente a finales del siglo XV, simbolizaba la jurisdicción independiente de Berlanga, otorgada por la Corona, y servía como lugar de castigo público y exhibición de objetos relacionados con delitos.
Situada a las afueras de la villa, junto a la puerta de Aguilera, la picota tenía una función tanto práctica como simbólica. Indicaba que Berlanga poseía capacidad para administrar justicia de manera autónoma y era un lugar donde los reos y sus herramientas del crimen eran expuestos públicamente para escarmiento. Este tipo de estructuras era común en los núcleos con autoridad propia, pero pocas se conservan en tan buen estado como la de Berlanga.
La picota está realizada en piedra caliza, un material abundante en la región, que confiere durabilidad y resistencia a los elementos. Se eleva sobre una base de escalones circulares, desde los que arranca un pilar de sección cuadrangular. La mitad inferior del pilar tiene una decoración sencilla, que contrasta con la parte superior más elaborada. En el punto de transición destacan cuatro cabezas de león, elementos simbólicos que pueden aludir a la fuerza y vigilancia asociadas con la administración de justicia.
El tramo superior es un pináculo gótico, una estructura de forma cónica o piramidal que recuerda a los remates de las catedrales góticas. Esta parte añade una dimensión ornamental y espiritual al monumento, evocando la estética arquitectónica de finales de la Edad Media. La cúspide presenta un detalle peculiar y cargado de simbolismo: un oso que sostiene un blasón liso con tres de sus patas, mientras que con la cuarta se cubre el ojo derecho. Este motivo es único y ha suscitado diversas interpretaciones, que van desde una representación de la justicia imparcial hasta un elemento puramente decorativo.
La picota de Berlanga es uno de los mejores ejemplos conservados de este tipo de estructuras en la provincia. Su combinación de funcionalidad, simbolismo y detalles artísticos la convierte en una obra de gran valor histórico y patrimonial. En la actualidad, sigue siendo un punto de interés para los visitantes de Berlanga, no solo por su imponente diseño, sino también por su significado como testigo de la historia y de las dinámicas sociales y jurídicas de la época. Su ubicación, cercana a la antigua entrada a la villa, subraya su papel como símbolo de la autoridad que presidía la vida en Berlanga durante el periodo tardomedieval.
Necrópolis y Acueducto
En la parte superior del cerro del castillo, a la derecha del edificio, se conserva una curiosa necrópolis medieval donde se pueden ver varias sepulturas, de diferentes formas y tamaños, excavadas en la roca. Al carecer de un contexto arqueológico es difícil precisar su cronología, no obstante, es posible que este cementerio tuviera un uso continuado en el tiempo desde el siglo XI y estuviese vinculado a la antigua iglesia de San Esteban, derruida en 1526 para construir la colegiata de Santa María del Mercado.
Junto a la necrópolis, y de una época bastante posterior, se conservan los restos de un acueducto realizado en piedra caliza y ladrillo. Este acueducto es un ingenio hidráulico que intentó elevar el agua desde el cauce del río Escalote hasta la parte superior del cerro, para regar los jardines del palacio. Si bien, la documentación escrita no describe su mecánica por lo que se desconoce si realmente llegó a funcionar o utilizarse.
Ermita de la Soledad
A la entrada de Berlanga se encuentra esta pequeña ermita humilladero dedicada a la virgen de la Soledad. Se trata de un sobrio edificio del siglo XVI que presenta una planta cuadrangular, con un tosco pórtico de madera que guarnece la doble entrada de arcos de medio punto. Realizada en mampostería, su único adorno exterior es un escudo en el que se puede contemplar una bola del mundo coronada por una cruz.
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