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Opinión
García Ortiz y los espíritus
Ahí tiene el fiscal una nueva y fantasiosa vía para su defensa: puede alegar que los borrados de su móvil fueron obra de espíritus de la fachosfera jaleados por Iker Jiménez

Dice el escritor John Banville: «Los teléfonos móviles están matando la imaginación». Tiene razón, pero hay excepciones: el caso del fiscal general del Estado, con sus borrados de mensajes, eliminación de su cuenta en Google y cambios de aparatos, es digno de una novela negra de Benjamin Black, el otro John. Se anuncia la desaparición de los móviles por otras tecnologías más avanzadas. Nokia predice que ocurrirá en 2030. Serán superados, cuenta, por dispositivos en el metaverso. No tengo claro qué es eso, pero en fin. Mark Zuckerberg también fija el final de estos aparatos en 2030, pero es más específico: afirma que serán sustituidos por gafas inteligentes que llevarán una cámara de cinco megapíxeles, dos altavoces y tres micrófonos. ¿Decrecerá con estas gafas la estupidización del personal incapaz de retirar los ojos de la pantallita? No. Intuyo un mundo de cegatos con gafas como de buceo que caminarán con bastón de la ONCE.
¿Se marcará parpadeando? ¿Nos conectarán sin más con la niña de nuestros ojos? ¿Comunicaremos todo el rato cuando suframos conjuntivitis? ¿Nos castigarán con un orzuelo si miramos culos gloriosos sin consentimiento? No se sabe. Cuentan que García Ortiz ha comentado a los íntimos al conocer la noticia del fin de los móviles: «Está muy bien, pero por desgracia llega un poco tarde para mí…». Leo que María Teresa Campos, año y medio después de su muerte ha enviado un mensaje telefónico al director de «Lecturas» desde su móvil dado de baja: «Mi querido Luis, te mando un beso con mucho amor. Un beso desde el infinito». Aunque parece que fue un envío trucado, ahí tiene el fiscal una nueva y fantasiosa vía para su defensa: puede alegar que los borrados de su móvil fueron obra de espíritus de la fachosfera jaleados por Iker Jiménez. O algo así.
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