
DEP
Adiós a Tony Isbert, el hombre de la eterna sonrisa
Tony Isbert, actor y heredero de una gran saga artística, ha fallecido a los 74 años en su domicilio de Santander. Su partida deja un profundo vacío en el mundo del teatro y el cine
La muerte de Tony Isbert, a los 74 años, supone un enorme dolor para todos aquellos que fuimos sus amigos. Era el hombre de la eterna sonrisa; casi nunca le vi llorar ni poner malas caras. La única vez que contemplé cómo se le derramaban unas lágrimas fue el día del fallecimiento de su madre, la gran actriz María Isbert.
Tony estaba muy unido a ella; eran uña y carne. Aún recuerdo mis visitas a la casa de María, un antiguo chalet cercano a la M-30 madrileña. Su hijo presumía de tener "una madre extraordinaria", y es cierto: su progenitora se ganaba el cariño de todo el mundo por su carácter abierto y sincero.
Tony se fue de este mundo a causa de un neumotórax. Había sido ingresado el diez de febrero en un hospital santanderino por problemas respiratorios y fue dado de alta el pasado lunes diecisiete. Nadie podía presagiar tan fatal desenlace, pero ayer miércoles fue hallado muerto en su domicilio de la capital cántabra.
Miembro de una gran familia artística, encabezada por el recordado actor Pepe Isbert, Tony sentía verdadera pasión por su abuelo, a quien admiraba profundamente. Se consideraba su heredero natural y me decía: "Sus consejos me hicieron amar una profesión que me da tantas satisfacciones".
Su debut cinematográfico se produjo en 1967 con la película "El mejor del mundo", pero fue dos años más tarde cuando comenzó a saborear las mieles del éxito con filmes como ¿Es usted mi padre? y Carola de día, Carola de noche, en la que compartió protagonismo con Marisol.

Sin embargo, fue en el teatro donde logró sus mayores reconocimientos, gracias a obras como "Violines y trompetas", "Don Juan Tenorio", "El alcalde de Zalamea", "La Celestina", "La casa de las chivas", "Doce hombres sin piedad" o su despedida de las tablas con "Esta noche hay que matar a Franco", en el año 2008.
Un amigo del fallecido me cuenta que "Tony ya tenía reservados los billetes de avión y el hotel para asistir el cuatro de abril en Albacete a la gala de entrega de los premios teatrales AMITHE, a los que estaba muy vinculado. De hecho, se propone poner su nombre a uno de los camerinos del Teatro Circo de la capital albaceteña".
Se separó de su esposa, Eva Esteban Bellamy, con quien contrajo matrimonio en 1989 en el consulado español de la capital mexicana, cuando tenía 67 años. La llamé y me confesó que fue una ruptura amistosa, que le habían diagnosticado un cáncer y que había decidido dejar Madrid y trasladarse a Santander "para llevar una vida más tranquila, alejada del foco mediático y recuperarme lo mejor posible de la enfermedad".
Hoy le lloran sus dos hijos, Vanessa y Antonio, que estaban muy unidos a su progenitor.
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