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Sanidad
"Un Plan de Salud Mental que no es un plan sino un panfleto"
El jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid, José Luis Carrasco, analiza el Plan de Salud Mental 2025-27, que las autonomías rechazaron hace unos días

El fundamento de un plan de acción para la Salud Mental es tener intención de mejorar la situación de las personas que tienen que recibir atención en salud mental. El Plan del Ministerio de Sanidad no recoge nada de lo que se necesita en estos momentos para mejorar la atención sanitaria y social. Es un manifiesto puramente teórico e ideológico, alejado de lo que ocurre en el mundo real de la atención sanitaria y con una intención puramente propagandística y sectaria.
Pretende dividir a los profesionales sanitarios competentes, enfermeras, psicólogos clínicos y psiquiatras, y dejar la atención de los pacientes en manos de personas sin formación que pertenecen a su aparato político. Así de claro es, porque así de claro lo manifiestan en la misma redacción del plan. Vamos a revisarlo.
El Plan de salud Mental del Ministerio no propone obtener del gobierno un aumento de las partidas presupuestarias en salud mental. A pesar de sus pretensiones de desestigmatizarla y mejorarla (además de liberar a los pacientes de las enfermeras y los médicos que disfrutan ingresándoles involuntariamente y sujetándoles a las camas), el Plan no contempla ningún aumento del porcentaje del presupuesto de Sanidad para salud mental. Ni menciona la intención de aumentar el índice de psiquiatras, psicólogos y enfermeras por 10.000 habitantes para dejar de estar a la cola de Europa. No habla de dotación para la creación de nuevos centros de día ni de unidades de larga estancia para pacientes graves que nos acerquen al nivel europeo.
No presentan un plan de ayuda para mejorar las infraestructuras de las salas de urgencia psiquiátrica de manera que permitan una asistencia más humanizada y privada de los pacientes. Tampoco plantea una ayuda presupuestaria en recursos humanos que permitan acompañar continuamente a los pacientes en riesgo grave, sin tener que recurrir a las sujeciones protectoras. No proponen realizar conciertos con los colegios de psicólogos para diseñar acciones de apoyo en la atención primaria.No proponen cambiar el estatuto laboral de los profesionales para permitir la realización de horas extraordinarias y fuera de turno reduciendo con ello los tiempos de demora y reforzando con ello la Sanidad pública que tanto dicen proteger. En realidad, el Plan no es un plan, no tiene ningún contenido de acción. Es un panfleto.
Un panfleto sectario que prejuicia que los psiquiatras no hacen un uso racional del medicamento, grave acusación porque ello sería mala praxis. Sectario porque prejuicia que si existen los ingresos involuntarios y las sujeciones de urgencia es por la actitud desviada de los profesionales, no porque existen enfermedades mentales graves que precisan compasión por el paciente y recursos extraordinarios. Sectario también porque lo han elaborado con unas asociaciones y colectivos altamente politizados que no representan a los profesionales que tratan a diario con los pacientes.
Es un plan que desprecia la evidencia científica e ignora el trabajo realizado durante las últimas décadas. Inventa unos enemigos inexistentes, resucitando mitos de hace más de cincuenta años, para sugerir posteriormente que va a inventar el sistema de atención comunitaria que lleva varias décadas funcionando en los Centros de Salud Mental y en los programas de continuidad de cuidados y de coordinación sociosanitaria. En lugar de mejorarlo con más recursos, han decidido que no existía e inventarlo ellos.
Un panfleto obsesionado con retirar la medicación a las personas, demonizando la farmacología, como unos ridículos anticientíficos y antivacunas, conspiranoicos que piensan que los psiquiatras medicamos a las personas porque nos soborna la industria (no indica si lo piensan también de los médicos de otras especialidades). Que confunde el sufrimiento psíquico de la vida cotidiana con el sufrimiento extraordinario de las personas en situación de trastorno, dejando a estas últimas desamparadas, sin diagnóstico y sin recursos.
Nada de este Plan de Acción refleja una auténtica preocupación por la persona que sufre por su trastorno y que sufre por la falta de recursos para atenderles. Es un manifiesto de politización de la Salud Mental utilizando el discurso edulcorado y cínico como artimaña, y a los pacientes como rehenes.
El Plan destila estigma de la enfermedad mental por todos sus poros, con afirmaciones que no se atrevería a decir de los pacientes de otras especialidades médicas. Presupone que las personas que toman medicación son débiles y hay que obligarles a ser fuertes. Que si están enfermos es por su culpa, por no haberse sacudido el yugo de la opresión social. Pero esto se acabó: para ayudarles a reeducarse políticamente sí tienen un plan (la única acción real que proponen): van a crear un Diploma de Psicoterapia para no licenciados, pseudocientíficos, embaucadores y activistas. Y en sus manos van a poner a nuestros pacientes. Que el Señor nos ayude, sobre todo a los pacientes, que somos todos en algún momento.
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